La solución del arte callejero

Vecinos de Pedregalejo contratan a un 'grafitero' para evitar las pintadas en un muro exterior

Encarna Maldonado / Málaga | Actualizado 02.11.2009 - 01:00
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Los vecinos de la urbanización Acacia Mar de Pedregalejo han captado al enemigo. El verano pasado contrataron al grafitero Nando Mambo para que les decorara un muro exterior del edificio. "Acabábamos de pintar la fachada y comprendimos que sólo tardarían unos días en volver las pintadas", explica el presidente de la comunidad de propietarios, Iñaki Arechavaleta. La experiencia les decía que luchar contra las pintadas era una tarea tan ardua como inútil. "Vimos que lo mejor sería que nosotros mismos controláramos qué se hacía para que fuera digno, convencidos de que podría ser una solución duradera porque, a fin de cuentas, los grafiteros se respetan entre sí".

El propio pintor del edificio puso en contacto a los vecinos con Fernando Irigoyen Nando Mambo y vecinos y artista callejero negociaron los contenidos: "Queríamos hacer un homenaje a Málaga", precisa el presidente de la comunidad. Por eso ahora, en el muro que rodea la urbanización en el lateral de la calle Bolivia conviven Picasso, María Zambrano, la Catedral, el copo, la jábega, la plaza de toros o Gibralfaro. En definitiva, las imágenes más características de la ciudad y del barrio.

El trabajo se prolongó durante mes y medio y consumió 500 euros en botes de pintura "además de una pequeña gratificación para el artista". Para Fernando Irigoyen, el encargo además ha sido una oportunidad para reivindicar el arte callejero, en un momento en el que los grafiteros "estamos mal vistos y somos perseguidos y sancionados". Por eso, en una zona del muro, "que la comunidad me dejó para expresión libre, quise pintar a un grafitero para recordar que esto también es creación artística y que se pueden hacer cosas muy guapas".

La demonización de las pintadas arranca, según Fernando Irigoyen, de la falta de espacios públicos destinados a la creación que empujan a los grafiteros a convertir su afición en un actividad clandestina. "En Granada o Sevilla hay sitios a los que se puede ir, la gente conoce lo que se puede hacer con unos botes de spray y eso favorece que haya una mejor opinión pública, pero en Málaga no hay nada. Esto explica por qué la gente raya en cualquier sitio. Para que podamos convivir sin crear problemas lo mejor sería hacer eventos y reservar algunos espacios de la ciudad para la creación callejera".

Nando Mambo recurre a su propia experiencia para poner de relieve que un grafiti no es necesariamente expresión de una actitud antisistema, sino que este universo de las pintadas también encierra valores.

Él, que abandonó muy pronto los estudios para emprender una azarosa vida laboral en la construcción y el comercio, cogió su primer bote de pintura en 2002 para "pintar un muñecote" en el muro de un arroyo en la zona de la Feria. Ahora compagina sus estudios de segundo de Bachillerato Artístico con un trabajo veraniego como socorrista y, aunque lo que inicialmente deseaba era aprobar las oposiciones de bombero, fantasea con nuevas oportunidades "porque hay módulos superiores relacionados con el diseño que me parecen muy interesantes".

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