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Las denuncias a menores por consumir drogas cerca de sus institutos se duplican
Las denuncias a menores por consumir drogas cerca de sus institutos se duplican
La mayoría son varones que fuman hachís · De 74 casos en el curso 2007-2008 se pasó a 128 en el siguiente · La Policía apenas ha detenido a cinco camellos porque no suelen vender en el entorno de los centros
Leonor García / Málaga | Actualizado 05.11.2009 - 01:00Resulta sorprendente, pero la vigilancia policial en el entorno de los centros educativos se salda con muy pocos camellos detenidos por vender droga en los alrededores y con decenas de denuncias contra los estudiantes por consumir estupefacientes cerca de sus institutos. "Gente que venda apenas pillamos. Esa gente no se acerca a los centros educativos para vender a los chavales y engancharlos, como se piensa. No les hace falta. Al mercado de la droga le sobran clientes", explica el inspector jefe de Seguridad Ciudadana de la Comisaría Provincial, Faustino Pretel.
Después de cuatro años de aplicación del plan de vigilancia policial de los colegios, esa realidad se confirma. En el curso 2007-2008, los agentes apenas fueron detenidos tres traficantes en los alrededores de los centros educativos y se tramitaron 74 actas contra menores por consumo de drogas. En el curso siguiente, la cifra fue de dos camellos arrestados y 128 chavales denunciados. La cifra supone un incremento del 73% de las denuncias contra los adolescentes. Pretel aclara que ese incremento no se debe a un alza en sí del consumo, sino a una mayor eficacia de la vigilancia policial.
El consumo de drogas en la vía pública es una infracción administrativa. Cuando los agentes detectan a chavales consumiendo en el entorno de su instituto levantan el acta correspondiente, lo notifican a sus padres y elevan la propuesta de sanción a la Subdelegación del Gobierno, que es la que finalmente aplica la multa. Ésta ronda los 300 euros.
Si los camellos no merodean los institutos, pero algunos chavales consumen droga en los alrededores ¿cómo la consiguen? Pretel cuenta que generalmente hay algún chico del grupo que sabe dónde comprarla. Tras recaudar dinero entre los compañeros que van a consumir, éste se encarga de ir por el estupefaciente.
La mayoría de los adolescentes denunciados son varones y lo que consumen casi siempre es hachís. El inspector jefe explica este hecho: "El hachís es una droga social y socializante; y la mujer no la necesita para socializarse". Casi todos los chavales detectados fumando esta droga rondan los 15 y 16 años. A partir de esa edad tienden a consumir fuera de la vía pública.
Pretel no sólo echa abajo la creencia de que los camellos rondan los institutos para intentar enganchar a los chavales en la droga. También niega que existan núcleos de población o centros educativos más conflictivos. Hay zonas deprimidas sin casos y áreas pudientes donde se han levantado actas de infracción.
El objetivo del programa de vigilancia del entorno de los centros educativos -que se puso en marcha en 2006- es la prevención. No obstante, si de la intervención de los agentes se sospecha que puede haber un punto de venta de droga detrás, se informa a la comisaría del distrito correspondiente o al grupo dedicado al pequeño tráfico para que continúen la investigación.
Los gramos de estupefacientes decomisados son pocos. Los detenidos, también. Pero Pretel matiza: "Los resultados pueden parecer pobres, pero el objetivo no son los resultados, sino la prevención". Y en este sentido, parece que se consigue la meta porque no suele haber reincidencia por parte de los chavales. Tanto la vigilancia policial como las actas levantadas suelen tener un efecto disuasorio. La labor no sólo consiste en vigilar los centros a la entrada, la salida y en los recreos. Los agentes también se reúnen con los docentes y las asociaciones de padres para conocer la situación de cada centro. La finalidad es que los adolescentes no lleguen ni a iniciarse en la droga.
Después de cuatro años de aplicación del plan de vigilancia policial de los colegios, esa realidad se confirma. En el curso 2007-2008, los agentes apenas fueron detenidos tres traficantes en los alrededores de los centros educativos y se tramitaron 74 actas contra menores por consumo de drogas. En el curso siguiente, la cifra fue de dos camellos arrestados y 128 chavales denunciados. La cifra supone un incremento del 73% de las denuncias contra los adolescentes. Pretel aclara que ese incremento no se debe a un alza en sí del consumo, sino a una mayor eficacia de la vigilancia policial.
El consumo de drogas en la vía pública es una infracción administrativa. Cuando los agentes detectan a chavales consumiendo en el entorno de su instituto levantan el acta correspondiente, lo notifican a sus padres y elevan la propuesta de sanción a la Subdelegación del Gobierno, que es la que finalmente aplica la multa. Ésta ronda los 300 euros.
Si los camellos no merodean los institutos, pero algunos chavales consumen droga en los alrededores ¿cómo la consiguen? Pretel cuenta que generalmente hay algún chico del grupo que sabe dónde comprarla. Tras recaudar dinero entre los compañeros que van a consumir, éste se encarga de ir por el estupefaciente.
La mayoría de los adolescentes denunciados son varones y lo que consumen casi siempre es hachís. El inspector jefe explica este hecho: "El hachís es una droga social y socializante; y la mujer no la necesita para socializarse". Casi todos los chavales detectados fumando esta droga rondan los 15 y 16 años. A partir de esa edad tienden a consumir fuera de la vía pública.
Pretel no sólo echa abajo la creencia de que los camellos rondan los institutos para intentar enganchar a los chavales en la droga. También niega que existan núcleos de población o centros educativos más conflictivos. Hay zonas deprimidas sin casos y áreas pudientes donde se han levantado actas de infracción.
El objetivo del programa de vigilancia del entorno de los centros educativos -que se puso en marcha en 2006- es la prevención. No obstante, si de la intervención de los agentes se sospecha que puede haber un punto de venta de droga detrás, se informa a la comisaría del distrito correspondiente o al grupo dedicado al pequeño tráfico para que continúen la investigación.
Los gramos de estupefacientes decomisados son pocos. Los detenidos, también. Pero Pretel matiza: "Los resultados pueden parecer pobres, pero el objetivo no son los resultados, sino la prevención". Y en este sentido, parece que se consigue la meta porque no suele haber reincidencia por parte de los chavales. Tanto la vigilancia policial como las actas levantadas suelen tener un efecto disuasorio. La labor no sólo consiste en vigilar los centros a la entrada, la salida y en los recreos. Los agentes también se reúnen con los docentes y las asociaciones de padres para conocer la situación de cada centro. La finalidad es que los adolescentes no lleguen ni a iniciarse en la droga.
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