Científicas bajo el techo de cristal

Sólo 16 mujeres dirigen alguno de los 81 grupos de investigación de la Universidad de Málaga · A partir de los estudios de posgrado, la representación femenina cae estrepitosamente en el mundo académico

Encarna Maldonado / Málaga | Actualizado 15.11.2009 - 01:00
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La catedrática de Bioquímica Francisca Sánchez Jiménez, en el laboratorio de su grupo en la Facultad de Ciencias.

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La profesora María Teresa Echezarreta con parte de su grupo de investigación especializado en gerontoinmigración.

La actividad científica en la Universidad de Málaga (UMA) está organizada en 81 grupos de investigación. Los hombres dirigen 65 equipos. Las mujeres 16. Científicas y tecnólogas: especies a proteger, titulaba Flora de Pablo, profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), un trabajo en el que abordaba la subrepresentación femenina en el campo de la ciencia. Esta experta señalaba, además, al doctorado como el punto en el que se quiebra la igualdad. Las universidades en general y la UMA en particular están muy feminizadas en su base. El curso pasado el 55,4% del alumnado de estudios superiores en Málaga era mujer. Y no sólo son más sino que, a la luz de los datos, deben de ser mejores. Suponen el 61,7% de los graduados.

Sin embargo, a partir de ese momento la representación femenina cae estrepitosamente, dando la razón a Flora de Pablo al afirmar que a partir de los cursos de doctorado la cuota femenina se diluye. En la Universidad de Málaga hay 2.335 profesores en la actualidad, de ellos sólo 829 son mujeres, o sea el 35,5%. El acceso a la cátedra parece aún más lejos. Sólo el 18,2% de las cátedras las ocupan mujeres. Y siguiendo esta misma proporción las investigadoras principales representan el 19,7% del total.

La Oficina de Transferencia de los Resultados de la Investigación (OTRI) de la UMA ha elaborado un catálogo de la oferta científica universitaria que muestra no sólo los escasos equipos dirigidos por mujeres, sino también su irregular distribución por áreas. En cuatro de los nueve campos de investigación existentes no hay ningún grupo liderado por una científica. Este es el caso del segmento de las ingenierías (tecnologías de la producción y tecnologías de la información y las comunicaciones), pero también de las áreas de recursos naturales y medio ambiente y de agricultura.

Además, en los otros cinco la representación es muy irregular. Así, en el campo de la física, química y matemáticas hay registrados 12 grupos de los que solo dos son dirigidos por mujeres. En biotecnología se contabilizan ocho equipos, de ellos uno liderado por una investigadora, y en ciencias y tecnologías de la salud también hay una directora, precisamente la rectora Adelaida de la Calle, frente a tres hombres.

Si la presencia de investigadoras principales en el campo de las ciencias experimentales es reducida e, incluso, nula en las ingenierías, sorprende que también lo sea en un área tradicionalmente tan femenina como las humanidades. En este área, la UMA cuenta con ocho grupos, de los que únicamente dos son gobernados por científicas. Finalmente, en ciencias sociales, económicas y jurídicas hay contabilizados 20 equipos de investigación de los cuales cinco son dirigidos por mujeres.

La catedrática de Química Analítica Aurora Navas es una de estas mujeres excepcionales. Desde los años 80 dirige el grupo Alimentaria que primero trabajó en el campo de los plaguicidas y alimentos y ahora dirige su acción científica hacia el análisis y determinación de sustancias, un trabajo de aplicación en los compuestos farmacéuticos.

Esta catedrática opina que las desigualdades de género en el mundo de la investigación son, fundamentalmente, fruto de la inercia. "En nuestros años no éramos tantas las mujeres en la universidad y para dirigir un grupo de investigación es necesario tener experiencia previa". Además, está convencida de que en la actualidad investigar es igual para hombres y mujeres "siempre que uno esté dispuesto a hacer lo que toca", o sea a trabajar duro. Porque "hay más instrumentación y mayor facilidad para conseguir fondos. Y para acceder a la bibliografía ni punto de comparación con el pasado".

Efectivamente, la incorporación masiva de las mujeres a la universidad se produjo en la década de los 80 y existe "una cuestión vegetativa" en este fenómeno. "La universidad está feminizada de 40 años para abajo, pero no de 40 para arriba", explica la profesora de Organización de Empresas de la Facultad de Económicas Ana María Castillo. Pero, además, cree que "hay algo más".

Esta profesora que estudia la organización y los recursos humanos en la sociedad del conocimiento, cree que es más difícil para las mujeres la dedicación que exige investigar: "Una mujer, por ejemplo, lo tiene muchísimo más complicado para irse varios meses al extranjero a hacer una estancia en otra universidad. Siempre está el problema de la conciliación familiar". Por tanto resulta más complicado acumular méritos curriculares y la iniciativa para abrir nuevas vías científicas y crear equipos "parte de profesores con experiencia y veteranía".

La investigadora del CSIC Flora de Pablo ha estudiado el perfil de los beneficiarios de los contratos Ramón y Cajal, un programa creado por el Ministerio de Educación para incorporar investigadores jóvenes pero de gran nivel al sistema universitario. Sobre el papel estos apetecidos contratos, que se han convertido en una vía de retorno de talento posdoctoral, se adjudican de forma competitiva atendiendo exclusivamente al mérito. Sin embargo, "en muchas áreas para una mujer fue más de dos veces más difícil que para un hombre conseguirlos".

En 2005, el último ejercicio analizado por Flora de Pablo, este programa fue solicitado en España por 1.771 investigadores, de ellos el 40% mujeres. Finalmente se concedieron 250 contratos de los que únicamente el 28% fueron para científicas. Además, existe una gran correlación entre la estructura de las cátedras y la de investigación y, según Flora de Pablo, "la lentitud en el aumento de mujeres catedráticas es incomprensible sin apelar a la perversión de los mecanismos de selección y promoción universitaria".

La rectora de la Universidad de Málaga, Adelaida de la Calle, también pertenece al reducido club de mujeres en la cúspide universitaria. Es catedrática. Dirige un grupo de investigación que trabaja en la interacción de los receptores cerebrales con los opiáceos, para intentar ver cómo se potencia o disminuye la respuesta frente a situaciones de drogadicción y se puede llegar a tratamientos farmacológicos. Y, además, es una de las tres únicas mujeres que gobierna una universidad pública en España.

De la Calle matiza en primer lugar que siempre hay un porcentaje inferior de profesoras en las ciencias de la salud, ciencias experimentales e ingenierías por lo que es "lógico que haya menos mujeres liderando grupos en estas áreas". Esta circunstancia se combina con el hecho de que hasta ahora existía una tendencia a dar por sentado que "el director del proyecto o del grupo de investigación tenía que estar ligado a la categoría profesional, y como catedráticas siempre ha habido menos eso lleva a pensar que son menos las mujeres que deben dirigir los grupos".

La rectora de la UMA apunta hacia fuera para señalar los obstáculos que se encuentran las universitarias en su camino: "Los problemas son los mismos que sufren las mujeres en otros ámbitos profesionales. Conciliar la vida familiar y laboral es muy difícil y siempre nos encontramos con el efecto tijera, un problema de género que lleva a que las mujeres siempre estemos en minoría" a la hora de "asumir responsabilidades y tomar decisiones".

Así que si hay menos mujeres que lideren investigaciones es simplemente porque la universidad refleja las desigualdades de la sociedad y este dato es solo "un matriz desagregado que responde a la realidad social", porque "siempre ocurre lo mismo. En la toma de decisiones, los hombres tienen más oportunidades".

El vicerrector de Investigación de la UMA, José Ángel Narváez, coincide en apuntar "motivos históricos y hasta antropológicos" que explican la escasez de investigadoras principales. "Refleja lo que era la universidad hasta hace poco. Yo he conocido departamentos en el que no había ninguna mujer porque hace años el papel que tenían era residual". Por eso la incorporación de la mujer a la investigación ha sido posterior y, por eso también, ha accedido más tarde a la dirección de los equipos.

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