Música, tradición y lluvia, los verdiales celebran su gran día

En la Venta San Cayetano, en mitad de las obras de la hiperronda, se celebró ayer por última vez la fiesta mayor de este folclore popular que se remonta a siglos atrás

Cristina Fernández / Málaga | Actualizado 29.12.2009 - 01:00
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Una panda comienza la fiesta fuera del recinto habilitado para el concurso, ayer, en la Venta San Cayetano.

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Un total de 27 pandas y siete agrupaciones infantiles se subieron al escenario.

Cuando el autobús de la línea 21 enfiló el camino a la Venta San Cayetano, un buen grupo de viajeros se sorprendió del cambio del paisaje en el último año. Los trabajos en la hiperronda a su paso por el Puerto de la Torre han cambiado tanto la fisonomía del lugar que a los que van allí de año a año les costaba reconocerlo. Sin embargo, las obras no impidieron este año -aunque sea el último- que la Venta San Cayetano acogiese nuevamente la Fiesta Mayor de Verdiales. Ayer se celebró la 48 edición de esta cita que organiza el Ayuntamiento de Málaga.

Una gran carpa resguardó a la gran afluencia de público que se congregó para vivir 12 horas continuadas de fiesta. El folclore más ancestral de la provincia de Málaga celebró su día grande con un concurso que convocó a 27 pandas y a siete escuelas, en total ocho formaciones más que el año pasado, por lo que el horario se amplió y los cantes comenzaron a sonar a las diez de la mañana. El alcalde de Málaga, acompañado de los concejales de Cultura y Fiestas, Urbanismo, Comercio y Servicios Operativos, alzó la vara de mando y se subió al escenario para dar la bienvenida a los aficionados.

"Desde que se institucionalizó, en tiempos de García Grana, llevamos ya 48 años pero ésta es una fiesta que se celebra siglos atrás en otros lugares como Venta Nueva y Venta Larga", comentó ayer Francisco de la Torre, que subrayó que se están barajando tres alternativas para ubicar el Parque de los Verdiales, tanto en el mismo Puerto de la Torre como en Campanillas.

Once pandas del estilo Montes, diez de Almogía y seis de Comares presentaron ayer sus luchas o revezos para repartirse más de 4.600 euros en premios. El pandero más grande y el toque de platillos con un ritmo seguido es característico del estilo Montes. El de Almogía lo diferencian sus platillos repiqueteados y las florituras en la interpretación y Comares, según explica José Gómez, presidente de la Federación de Pandas de Verdiales, "lo que más le distingue es la incorporación del laúd y, en algunos casos, la bandurria y que tiene un toque más melódico, se le notan más las influencias moriscas".

La vestimenta suele ser su seña de identidad. Pantalón y chaleco negro con camisa blanca o de color y fajín, en muchos casos, rojo. Ellas con falda y alpargatas con cintas. "Se innova en los bailes, en la forma de salir al escenario y también en el vestuario", explicaba ayer José Gómez, que incidía en que ayer era el día de darlo todo, de "presentar las novedades, sorprender con bailes nuevos que llevan meses ensayando en privado para que no se los copien". Lo que queda inamovible, además del toque, es el típico sombrero, el que distingue a un fiestero esté donde esté. Cintas de colores, que antaño bordaban las novias, flores, perlas y espejos forman este adorno.

Cientos de aficionados, sobre todo mayores de la tierra aunque también se veían a jóvenes y a extranjeros, escucharon ayer a algunas de las pandas a pesar de que la lluvia intermitente intimidó la fiesta en algunos momentos. También las pandas estaban muy pendientes de lo que hacían sus rivales. Un estreno muy especial fue el de la Asociación Cultural La Copla, de la barriada Santa Rosalía Maqueda, junto a Campanillas. Esta panda formada por 22 miembros pisó los escenarios por primera vez hace 20 años como panda infantil. Cinco años más tarde disolvieron la agrupación y tras un homenaje a su responsable en aquellos tiempos han vuelto a unirse. Ahora con una cantante de ópera como voz de la panda, Genoveva Lobato.

Remedios Gómez y Esperanza Fernández son las veteranas del cuerpo de baile. "Ahora tenemos trabajo, familia, hijos, pero hemos decidido invertir el tiempo libre en lo que realmente nos gusta", decían ayer poco antes de actuar. "La gente comenta que se nos ve muy ilusionados, con más ganas que antes, y es que ahora sabemos lo que queremos", añadían. Pero aunque los niños sean incitados por sus padres a comenzar en esta tradición, lo cierto es que "la salud de los verdiales es maravillosa", comentó Gómez. Miguel Leiva es alcalde de la panda infantil Santa María del Cerro, de Villanueva de la Concepción. El mayor tiene 17 años y los más pequeños, 3. Leiva reconocía ayer que se "están enganchando muchísimo, contamos en la provincia con unos 1.500 alumnos en las escuelas". Sin distinción de sexos, los pequeños comienzan a vivir una tradición que distingue a la provincia fuera de sus propias fronteras.
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