Un lazarillo de metal

Un alumno de 23 años de la Universidad de Málaga desarrolla el 'hardware' y el 'sofware' de un prototipo robótico que mediante distintos sonidos indica a un invidente los obstáculos que tiene a su alrededor

Leonor García / Málaga | Actualizado 14.03.2010 - 01:00
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Alberto García Guijarro con 'Invigbot', el robot que ha creado.

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Alberto, un ingeniero técnico de Telecomunicaciones de 23 años, acabó la carrera en junio y en septiembre ya tenía trabajo. Mientras otros universitarios esperan años para colocarse, él apenas si tuvo tiempo para disfrutar de unas vacaciones. No ha sido sólo cuestión de suerte. Su empeño en construir un robot como proyecto de fin de carrera le ha abierto las puertas del mercado laboral. El Instituto de Innovación para el Bienestar Ciudadano (I2BC) lo fichó en cuanto vio el artilugio.

El robot es un prototipo para sustituir al perro-guía de los ciegos. La inquietud de Alberto García Guijarro por construir una ayuda técnica para los invidentes tiene raíces familiares. Él conoce muy de cerca los problemas de los discapacitados. Su madre sufrió poliomelitis y es minusválida; su hermana es guía e intérprete de personas sordo y ciegas y su novia, maestra de educación especial.

Con todas esas personas tan cercanas sensibilizadas sobre los problemas que genera la discapacidad, Alberto sentía que tenía que hacer algo práctico para mejorar la vida de los minusválidos. Y se le ocurrió el robot. "¿Por qué un ciego no puede desplazarse como nosotros, con las manos libres, sin llevar ni perro ni bastón? Además un perro da trabajo", se planteó.

Buscar la solución le quitó muchas horas de sueño. Hasta que al final nació Invigbot, como se llama el invento, un acrónimo de robot guía para invidentes. Si se mete el nombre del artilugio en internet salen más de 500 referencias a este robot diseñado como proyecto de fin de carrera por este alumno de la Universidad de Málaga (UMA). Hay artículos hasta en chino y griego.

El artilugio parece una araña de tres patas. Y esa es una de sus innovaciones. Generalmente, los robots tienen cuatro o dos. Los de dos tienen la desventaja del desequilibrio y los de cuatro, del coste porque necesitan más motores y eso los encarece. Al tener tres patas, la invención de Alberto es más barata que un robot de cuatro y tiene más equilibrio que uno de dos. "Yo quería hacer un robot desde cero, quería ser el padre del invento", cuenta. Y lo consiguió. "Mi madre dice que es su cibernieto", bromea. No le resultó fácil. Admite que la formación de la carrera es eminentemente teórica y que sufrió para construir el prototipo. Cada pieza que soldaba era su primera vez.

Invigbot funciona por imitación a un murciélago. Estos animales no ven bien y emiten ultrasonidos con los que perciben los obstáculos. Y eso es lo que hace el robot. Mediante ultrasonidos va comprobando dónde hay obstáculos y donde el camino está libre. Además, este arácnido metálico tiene capacidad para erguirse. De esa forma mide aquello que encuentra en frente y determina si es una pared o un escalón.

Luego, esa información que ha obtenido por ultrasonido la traduce en pitidos audibles por el oído humano. Cada situación tiene un código. Si es un muro, los pitidos son más cortos y frecuentes; si es un escalón son más espaciados. Así, el invidente se hace una composición de lugar de lo que tiene alrededor. Alberto aclara: "Esto es un prototipo. No se puede llevar al mercado; antes hay que mejorarlo". Y ese es su reto para el futuro: hacerlo más rápido en sus desplazamientos, que baje escaleras o que supere obstáculos.

El coste del robot es de unos 90 euros. Aunque a él el prototipo le ha salido algo más porque ha tenido que desechar materiales hasta ir consiguiéndolo. Pero su objetivo es que el robot finalmente resultante no sea caro. Tan imbuido como está por su familia de los problemas de las personas discapacitadas, sabe que tiene que perfeccionar el invento para que el producto resultante esté al alcance de todos los bolsillos. Durante los últimos días, Alberto ha estado exponiendo su creación en el Rectorado, que era el escenario de la Conferencia Aaliance. El encuentro ha reunido a 14 empresas tecnológicas europeas especializadas en innovación práctica para hacer la vida de ancianos y discapacitados más autónoma. Entre ellas estaba el I2BC. Alberto dice que lo ficharon porque su proyecto de fin de carrera engarzaba perfectamente con la filosofía de este instituto malagueño.

A pesar de sus 23 años, este joven ya está curtido en presentaciones. El verano pasado expuso su creación en la Campus Party de Valencia representando a la UMA. Y entre presentación y trabajo dice que tiene tiempo para irse de copas con los amigos y para dar clases como monitor de natación para bebés.

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