El mercado que nació del mar

La calle Atarazanas se construyó sobre los terrenos que en su día fueron los antiguos astilleros musulmanes y la alhóndiga · El mercado fue inaugurado en el año 1879 con el diseño de Rucoba

Raquel Garrido / Málaga | Actualizado 20.12.2011 - 10:03
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Sin vehículos, aparentemente terriza, con pocos transeúntes. Así era la calle Atarazanas a principios del siglo XX, una imagen que contrasta con su aspecto actual de vía muy transitada por coches y peatones cargados de compras, con semáforos, parada de taxis y ciudadanos que caminan de forma apresurada. Esta vía se formó a finales del siglo XVIII, cuando el playazo o arenal que se extendía delante del edificio militar de las Atarazanas empezó a ser urbanizado y se planificó la Alameda Principal. La construcción de manzanas de casas frente al por entonces cuartel acabó por conformar una calle que adoptó su trazado actual a raíz de la construcción del mercado.

En el siglo XIX una de las más importantes actuaciones de reforma interior realizadas en la ciudad y que afectó a edificios no religiosos fue la que afectó a las atarazanas -los antiguos astilleros musulmanes- y la alhóndiga. Esta última institución mercantil de origen medieval había actuado como lonja mayorista y depósito de abastecimientos, y tras su demolición se abrieron calles como Sagasta y se levantaron los almacenes Félix Sáenz, consiguiendo la redefinición formal del sector suroccidental de la medina medieval.

El mercado de Alfonso XII, Central o de Atarazanas -como se suele conocer- es el más bello y antiguo de los mercados de abastos de la ciudad que se levanta sobre el solar de las antiguas Atarazanas o astilleros de la Málaga musulmana, cuando las aguas del mar llegaban hasta aquí. Después el enorme edificio tuvo varios usos militares (cuartel, hospital) hasta que después de la Revolución de 1868 se acordó su demolición. El historiador Víctor Heredia aseguró que la junta revolucionaria de 1868 quiso "convertir en realidad la vieja aspiración municipal de centralizar el abastecimiento alimentario minorista en una plaza de abastos situada en las atarazanas", proyecto cuyas primeras referencias se remontan a 1842. Finalmente derribadas en 1870, el arquitecto Joaquín de Rucoba diseñó en su lugar un mercado de abastos que quedó terminado entre 1876 y 1879, y en su potente estructura metálica de estilo neoárabe se integró la portada principal nazarí del antiguo recinto, del siglo XIV, rescatada gracias a la Academia de Bellas Artes. Rucoba concibió un edificio dividido en tres naves (destinadas cada una a la venta de pescado, carne y frutas y verduras, respectivamente), y abierto a través de amplios ventanales por los que la luz penetraba tamizada por persianas de cristal. La construcción fue adjudicada al contratista bilbaíno Federico de Solaegui, mientras que la estructura de fundición se encargó a los talleres Pérez Hermanos de Sevilla, como todavía puede leerse en varios puntos de la fachada. El mercado fue inaugurado en el año 1879.

El mercado de Atarazanas ya experimentó una importante reforma a mediados de los años 70 del pasado siglo, después de que se descartara el traslado de su estructura a un barrio de la Carretera de Cádiz para aprovechar su solar para construir una torre de aparcamientos. Entonces quedaron ocultos muchos de sus elementos originales, que han sido recuperados en la reciente rehabilitación que sufrió el año pasado. y que le han dado aire fresco a un edificio cargado de historia.

l un periódico con solera. En la esquina de Puerta del Mar, una casa que ocupaba el lugar de la primitiva Aduana malagueña fue sede de uno de los periódicos más importantes de la historia de la prensa local y regional, La Unión Mercantil, cabecera creada en 1886 y que también editaba un semanario gráfico, La Unión Ilustrada (a partir de 1909). Considerado un medio conservador, su sede fue asaltada e incendiada en mayo de 1931, al mismo tiempo que se producía la quema de iglesias y conventos y el saqueo de varios almacenes.

l un arco con mucha historia. El arco nazarí fue recuperado gracias a la intervención de varios miembros de la Academia de San Telmo, que alertaron de su posible pérdida. Fue totalmente desmontado, piedra a piedra, y recolocado en su nuevo emplazamiento, a pocos metros, como portada principal del nuevo mercado. De hecho, el arquitecto cántabro Joaquín de Rucoba concibió el mercado en estilo neoárabe para adaptarlo a las características de la puerta medieval, consiguiendo una afortunada conjunción de estilo historicista y empleo de materiales modernos, como el hierro. Rucoba fue autor asimismo de la plaza de toros de La Malagueta y, en Bilbao, del teatro Arriaga y del Ayuntamiento de la capital vizcaína. En Málaga se han perdido en los últimos años varias obras suyas, como el Corralón de la Muñeca o el edificio del pasillo de Atocha demolido para el plan urbanístico promovido en esa zona rompiendo.
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