Málaga, ayer y hoy

El escenario por el que pasea la ciudad

La Plaza de la Constitución sigue siendo desde hace más de cinco siglos el centro de la vida política, cultural y social de Málaga

Raquel Garrido / Málaga | Actualizado 04.03.2012 - 13:41
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La emblemática Plaza de la Constitución ha tenido varios nombres a lo largo de su historia (Mayor, de las Cuatro Calles, Real, de la Constitución, de José Antonio y, de nuevo, de la Constitución), pero siempre ha representado el punto central de la ciudad, el lugar de referencia de la vida urbana, el cruce de los caminos que confluyen en el centro histórico. Sin embargo, sus funciones no siempre han sido las mismas. Durante la Edad Moderna, a partir de la conquista castellana ocurrida en 1487, la plaza se convirtió en el centro del poder político y en el escenario principal de los acontecimientos ciudadanos. Mientras en su fachada norte se ubicaban la Casa del Corregidor (representante del poder real y antecedente de lo que luego serán los gobernadores civiles y subdelegados del gobierno) y la cárcel, en la oeste se encontraban las Casas Capitulares, sede del poder municipal. Las instituciones religiosas se hallaban representadas por un convento de monjas, el de las Agustinas, en el lado este, y por el colegio de la Compañía de Jesús y su iglesia de San Sebastián.

Durante el siglo XIX fue cambiando la situación de la plaza, que perdió importancia como centro de poder y compartió su condición de escaparate de la ciudad con otros espacios de nueva creación como la Alameda y la calle Larios, explica el historiador Víctor Heredia. Los cambios urbanísticos fueron continuos durante el siglo XIX. La cárcel fue demolida hacia 1835 y en su solar se edificó el pasaje de Heredia por iniciativa de este comerciante e industrial de origen riojano. Hacia 1850 en el solar de las Agustinas se abrió el pasaje de Álvarez, aunque fue más conocido como el pasaje de Chinitas por el café cantante que allí existió. Demolidas fueron también las Casas Capitulares y la Casa del Corregidor, construyéndose en su lugar edificios de viviendas y locales comerciales.

Junto a la apertura de los pasajes de Heredia y de Chinitas, y la renovación de los edificios, la obra más importante fue la construcción de la calle Larios, que enlazaba la plaza con el puerto y fue abierta en 1891, creando un nuevo eje urbano norte-sur. La urbanización de la plaza se retomó en 1878, con un proyecto de Sancha que incluyó la instalación de una nueva fuente monumental de hierro elaborada en Francia, la de las Tres Gracias, que conmemoraba la nueva traída de las aguas de Torremolinos. Esta fuente fue el elemento central de la plaza hasta que en 1901 fue trasladada cerca del puerto. Entonces se colocó en el centro de la Plaza una monumental farola de cinco luces que fue bautizada por los malagueños como el Sonajero.

En tiempos del alcalde Francisco García Grana se reurbanizó la plaza, se plantó una hilera de naranjos a su alrededor y en el centro se instaló una nueva fuente inspirada en la de las Tres Gracias, ejecutada por el escultor Adrián Risueño y denominada de las Gitanillas, que a su vez en 2002 cedió su lugar a la antigua Fuente de Génova después de la última remodelación de este espacio urbano, que contempló su total peatonalización y un nuevo cambio de imagen que aún se mantiene.

l el escenario de la ciudad La plaza era el escenario principal de todos los actos festivos e importantes de la ciudad, de las celebraciones y regocijos por las victorias militares y los acontecimientos de la familia real. Por ella pasaban las procesiones cívicas y religiosas, se decoraban las fachadas con arquitecturas fingidas y luminarias, y en la misma se celebraban las corridas de toros (de ahí el nombre de la calle del Toril) y otros espectáculos. Con este fin todos los edificios que daban a la plaza contaban con amplios balcones para instalar sillas para que sirvieran de tribunas, desde las cuales los miembros más distinguidos de la sociedad malagueña contemplaban los espectáculos públicos. Aún quedan algunos de estos balcones-tribuna en las fachadas del pasaje de Chinitas y de la Sociedad Económica.

l una fuente como decoración El aspecto ornamental de la plaza se reducía a la fuente de mármol instalada a mediados del siglo XVI para conmemorar la traída de agua desde los manantiales del Almendral del Rey y para darle un aire renacentista al centro neurálgico de la ciudad. Esta fuente, desplazada hacia un lateral para no molestar las celebraciones que allí se efectuaban, ha sido conocida como la Fuente de Génova, y ha arrastrado leyendas sobre su origen, en la que se entremezclan piratas y luchas navales. Decorada con motivos marinos, en 1634 el escultor José Micael Alfaro le añadió el cuerpo intermedio.
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