¿Las mil y una noches?

La Noche en Blanco celebra hoy su quinta edición con una reducción del presupuesto del 75% y 22 actividades más que en 2011 · El formato ha desaparecido en otras ciudades durante los últimos años a cuenta de la crisis

Pablo Bujalance / Málaga | Actualizado 12.05.2012 - 05:00
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Colas para visitar la Alcazaba durante la Noche en Blanco de 2011.

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La Noche en Blanco celebra hoy su quinta edición, entre las 20:00 y las 2:00, en un ambiente que se promete caldeado. Las 153 actividades programadas (22 más que en 2011) tendrán que competir con las manifestaciones de los indignados del 15-M (habrá que comprobar en qué medida las medidas de conciliación del Ayuntamiento resultan efectivas en la Plaza de la Constitución) y el jolgorio previo a la más que previsible celebración que acontecerá mañana a cuenta del Málaga y la Champions. El también previsible buen tiempo será un aliado imprescindible para que la participación alcance el éxito que la organización espera, aunque, dado que desde 2008 la afluencia no ha hecho más que crecer, este punto forma ya parte de las garantías de la Noche en Blanco. Pero que Málaga haya señalado ya la cita en el calendario en rojo y como cosa propia no garantiza, ni mucho menos, el futuro del proyecto. La propuesta de hoy se pone en marcha con una reducción del 75% del presupuesto respecto al año pasado, de 200.000 a 45.000 euros, motivada, principalmente, por la salida de quien venía siendo el principal patrocinador, Gas Natural, cuya aportación ascendía hasta los 120.000 euros. La drástica reducción presupuestaria en materia de cultura está haciendo estragos en eventos que parecían consolidados: algunos desaparecen, otros continúan in extremis (véase la próxima edición de la Feria del Libro) y sólo los que se garantizan una mayor participación del sector privado, como el Festival de Cine, pueden equilibrar las pérdidas deducidas de lo público. La Noche en Blanco continúa en Málaga, pero exige un cambio de modelo y de filosofía si no quiere seguir el ejemplo de otras iniciativas similares que en el resto de España han desaparecido recientemente.

A pesar del recorte, la Noche en Blanco no suma sólo actividades, también espacios, hasta un total de 115, quince más que el año pasado (la más significativa de las incorporaciones es la del Muelle Uno, donde se celebrarán varios espectáculos teatrales en los escaparates de algunos comercios, y cuya conexión con el resto de la ciudad podrá verificarse hoy especialmente). No obstante, cabe señalar que las actividades abiertas y al aire libre se reducen de 31 a 24, lo que restará inevitablemente presencia a la fiesta cultural en la ciudad. Pero que el programa haya podido sostenerse con cantidad y (relativa) calidad respecto a los años anteriores a pesar de una caída tan abultada del presupuesto obedece tanto a la participación institucional (el Ayuntamiento, la Junta y la Diputación ceden una vez más todos sus espacios) como a la implicación de fundaciones, productoras y espacios privados además de la Universidad de Málaga (la intervención de los estudiantes de Arquitectura en plena calle vuelve a ser uno de los alicientes más esperados). Sin grandes espectáculos ni añadidos extra demasiado atractivos (el concierto de Mikel Erentxun en la Plaza de la Constitución constituye la gran singularidad de la propuesta, con permiso de los indignados), la Noche en Blanco se ofrece no tanto como una acumulación de espectáculos sino como una oportunidad para la participación. Al fin y al cabo, se trata de hacer por una noche algo distinto, desde ponerse un antifaz en el Museo Carmen Thyssen a participar en la elaboración colectiva de una obra de arte. La mayor virtud del invento, sin embargo, se encierra en su capacidad de sacar a la luz por una noche rincones poco frecuentados del centro: hoy corresponde, por ejemplo, disfrutar de la actuación de la compañía teatral Caramala en el Pasaje del Pericón, junto al jardín vertical de Pozos Dulces, o disfrutar de un concierto de jazz en el Feel Jazz Club en la calle Vendeja, en pleno corazón del Soho.

Pero si el respaldo popular no es suficiente garantía para los próximos años, tampoco lo es el mantenimiento del programa. La Noche en Blanco fue adoptada en Málaga a imagen del modelo madrileño dentro de un marco muy concreto que ya no existe: la candidatura a la Capitalidad Cultural de Europa en 2016. Bien a tenor de las muchas candidaturas al mismo mérito que florecieron en la pasada década, o por simple emulación, el formato prendió en no pocas ciudades españolas. En los últimos años, sin embargo, y como consecuencia de la crisis, el fenómeno se ha ido apagando con la desaparición progresiva de las noches en blanco en el mapa. Especialmente dolorosa fue la extinción en 2010 de la Noche Larga de los Museos que se venía celebrando en Sevilla desde 2007. Aunque centrada únicamente en actividades expositivas, el proyecto había logrado recabar la participación de seis museos y diez salas de arte y el nivel de participación había crecido desde las 15.000 visitas de la primera edición hasta las 25.000 de la tercera. Sin embargo, tanto el Ayuntamiento de Sevilla como la Consejería de Cultura decidieron retirar su ayuda económica, con la consiguiente desconvocatoria (precisamente, se achacó a la Junta de Andalucía que sí mantuviera su contribución a la Noche en Blanco malagueña). Posiblemente necesite la Noche en Blanco un instrumento jurídico y organizativo propio, donde confluyan lo público y lo privado, para que las ediciones lleguen a ser mil y una, independientemente de las circunstancias. Parece que éstas, por el momento, no serán las mejores.
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