"Un museo es un gran archipiélago"

Dirige desde hace seis meses un espacio de titularidad estatal, pero de vocación universal · Este fin de semana participó en Málaga en unas jornadas sobre gestión cultural en colaboración con La Casa Invisible

Rocío Armas / Málaga | Actualizado 21.06.2009 - 05:00
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Manuel Borja-Villel comparte el concepto de un centro de arte como un espacio abierto y con múltiples narraciones.

Le gusta pensar que la cultura no es patrimonio de nadie y lo es de todos al mismo tiempo. Su discurso pasa por una visión del arte como vehículo en movimiento que acerca a otras realidades. Desde hace seis meses Manuel Borja-Villel (1957, Castellón) dirige el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Ayer se despidió de Málaga tras participar en unas jornadas sobre política y gestión cultural desde La Casa Invisible, un espacio de autogestión "liberado", que admira, y con el que el museo mantiene una estrecha colaboración.

-¿Por qué aliarse con La Casa Invisible, tan alejada en un principio de un centro de arte estatal?

-La colaboración surgió por la voluntad del museo de trabajar en Red. El Reina Sofía no es un museo de Madrid, es un museo estatal, de todo el país. Tiene la obligación de trabajar con otros centros. Tradicionalmente este tipo de relación acaba siendo paternalista, del centro a la periferia, con distancias entre uno y otro. Nosotros proponemos un trabajo horizontal, no hay un centro más importante que otro. Es como cuando ves la estrellas, las hay más grandes y más pequeñas pero todas tienen su lógica y su importancia en el firmamento.

-¿Cómo encajan el discurso cultural de uno y otro?

-Para nosotros es importante que el museo no sea un lugar donde se reproduce el conocimiento establecido. La relación con otros centros no puede ser de ensimismamiento, con exposiciones que itineran y donde todos vemos lo mismo. Queríamos trabajar transversalmente con centros de escalas distintas. El cambio de escala supone también un cambio de lenguaje, de noción de espacio público. Que irrumpa un lugar como La Casa Invisible produce una tensión, algo distinto. Nos gustó su actitud y su programa y creímos que la alianza sería interesante.

-¿Es una forma de alejarse de un modo de cultura predominante?

-Por desgracia, en las artes visuales se ha producido el mismo fenómeno que en la economía. Un predominio de la cultura del tocho, del ladrillo y del beneficio rápido. Han primado los contenedores sobre los contenidos, con poco sedimento cultural y económico. Muchos museos están en profunda crisis. La Casa Invisible con pocos recursos ha sabido crear una esfera pública y una identidad, no como una marca sino a partir de relaciones y diálogos.

-¿Y qué propone a sus visitantes el nuevo Reina Sofía?

-Yo imagino el Reina Sofía como una gran ciudad con muchas heterotopías. Más que exhibir una colección lineal, en la que el espectador está obligado a entender una historia y si no la entiende se le hacen visitas guiadas, proponemos un gran archivo con multiplicidad de narraciones. Los museos no son elementos cerrados, preferimos pensar en el mundo no como un gran continente, sino como un gran archipiélago, donde cada isla tiene su identidad que se la da la relación con las otras.

-¿Cómo se traduce esa idea desde el punto de vista museográfico?

-Estamos creando una federación de museos e instituciones donde se comparten documentos sobre los cuadros desde la web. Ya tenemos relación con la Universidad de Buenos Aires, Chile, Colombia y la pinacoteca de Sao Paulo. Lo llamamos Conceptualismos del sur, explicamos nuestra idea de la obra y cada país explica la suya. Se crea así un relato más complejo y democrático. En épocas de crisis un pequeño desplazamiento es capaz de generar una gran fisura. Es una alternativa real no una utopía.

-El Reina Sofía deja de ser una pinacoteca al uso...

-Hemos roto categorías de géneros, en el museo conviven la pintura con el cine, la fotografía, documentos y todos tienen un status similar , con diversos niveles de lectura. Por ejemplo desde un punto de vista histórico, al ver el Guernica, un cuadro en blanco y negro, podemos pensar por qué un artista tan colorista como Picasso lo hizo, no es casual. Más que pintar la guerra pintó una recepción de la guerra.

-Casi virtual, desde la distancia...

-Él la veía a través de los documentales y los periódicos. Por eso puede estar también cerca del cine. Hemos puesto el pabellón, junto a la única obra que estaba al lado, La Fuente de Mercurio de Calder, gracias a una maqueta que hizo él cuando el Guernica estaba en el MOMA. Además, era un cuadro para ser visto con luz diurna y la hemos cambiado para que simule esa misma intensidad.

-El nombre de Picasso está asociado a la ciudad de Málaga, ¿cree que se beneficia demasiado?

-Utilizar el nombre de Picasso desde un punto de vista turístico me parece equivocado. Primero porque es falso, Nos guste o no Picasso el que naciera aquí fue un accidente. Fue un francés con un background español muy fuerte. Pero, por otro lado, también si la gente de otras ciudades viene a Málaga a estudiar su obra y conocer su figura sí es interesante, pero si se trata sólo de una marca me parece negativo.

-En 2010 abrirá un nuevo museo con la firma de Thyssen...

-No sé cuales serán sus fines, pero sin son meramente turísticos no le veo futuro. Se autoconsume muy rápidamente. Una colección del XIX es fundamental en la pintura, pero sería interesante enfrentarla con movimientos sociales de la época y con su literatura oral, por ejemplo. Se trata de pensar en otra forma de museografía en la que no sólo esté el objeto fetichizado, sino donde se debatan ideas. Cuesta mucho menos.

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