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Razones de peso para reducirlo todo a cenizas
literatura Un clásico recuperado de la ciencia ficción
Razones de peso para reducirlo todo a cenizas
La editorial El Olivo Azul publica por primera vez en castellano 'La krakatita', del checo Karel Çapek, novela pionera en la especulación sobre las armas de destrucción masiva
Pablo Bujalance / Málaga | Actualizado 22.03.2010 - 05:00Un reciente informe auspiciado por la ONU asegura que la posibilidad real de una catástrofe nuclear a gran escala, con consecuencias irreversibles para la especie humana, es hoy al menos tres veces superior al que podía registrarse hace 30 años, cuando precisamente la Guerra Fría excitaba todavía en las mentes menos convencionales la posibilidad de que un artefacto definitivo lo mandara todo al garete. Lo cierto es que, por más que la diplomacia se haya sacado de la manga protocolos de todo tipo para el compromiso internacional en aras de una reducción del armamento nuclear, las primeras potencias del mundo, subordinadas a los distintos ejes, no han dejado de invertir dinero y esfuerzos en ampliar su poderío en este sentido. Las advertencias, eso sí, respecto a lo que un ataque basado en estos recursos puede acarrear se remontan a los mismos albores de la investigación en torno a la fisión del núcleo; y aunque en 1945 Hiroshima y Nagasaki disiparon cualquier duda, las especulaciones, no exentas de alarmismo apocalíptico, continuaron. Bastante antes, en 1924, cuando toda la tecnología necesaria se encontraba aún en pañales, el escritor checo Karel Çapek ya había aportado su particular visión del asunto en La krakatita, novela antiutópica como pocas y dotada de un notable sentido del humor, que acaba de ser publicada por primera vez en castellano, con traducción de Patricia Gonzalo de Jesús, a cargo de la editorial El Olivo Azul.
Çapek (1890-1938), reivindicado hoy por buena parte de la crítica como el mejor escritor checo del pasado siglo después de Kafka (con quien pueden establecerse jugosas comparaciones en cuanto a estética e intenciones) tras décadas condenado al ostracismo común de la ciencia-ficción, fue un visionario en el más amplio sentido de la palabra. A él se debe, sin ir más lejos, la invención de la palabra robot, que acuñó en su obra de teatro de 1920 R.U.R. (Robots Universales Rossum). Su divertida y febril novela de 1936 La guerra de las salamandras advertía de los riesgos de la aplicación de la investigación biológica en la guerra, y de paso inspiró todo un imaginario de monstruos creados y alimentados al abrigo de las más avanzadas campañas militares para el cine y el cómic. Similar categoría de advertencia tuvo en 1924 La krakatita, novela que, como apunta en el prólogo Gonzalo de Jesús, se corresponde con los ambientes creados por Fritz Lang en sus películas dedicadas al Dr. Mabuse: se suceden en ella explosiones, secretos letales, mujeres fatales, romances imposibles y desconcertantes imágenes oníricas. Pero, además, Çapek, como en buena parte de sus obras, imprime al relato un sentido del humor alocado que añade tonos de sátira a la misma advertencia racional. El protagonista, Prokop, un ingeniero excéntrico, inventa la krakatita, una sustancia capaz de liberar la energía oculta en la materia y de provocar explosiones de insospechados alcances. Tras un accidente en su laboratorio, Prokop descubre que la fórmula de su hallazgo ha caído en manos peligrosas y que algunas instituciones muy poderosas están dispuestas a llegar hasta el final para hacerse con el invento. Prokop tiene su más digno sucesor en el Dr. Strangelove de ¿Teléfono rojo? Volamos hacía Moscú (1964) de Kubrick. Ambos saben que el mundo es un pañuelo.
Çapek (1890-1938), reivindicado hoy por buena parte de la crítica como el mejor escritor checo del pasado siglo después de Kafka (con quien pueden establecerse jugosas comparaciones en cuanto a estética e intenciones) tras décadas condenado al ostracismo común de la ciencia-ficción, fue un visionario en el más amplio sentido de la palabra. A él se debe, sin ir más lejos, la invención de la palabra robot, que acuñó en su obra de teatro de 1920 R.U.R. (Robots Universales Rossum). Su divertida y febril novela de 1936 La guerra de las salamandras advertía de los riesgos de la aplicación de la investigación biológica en la guerra, y de paso inspiró todo un imaginario de monstruos creados y alimentados al abrigo de las más avanzadas campañas militares para el cine y el cómic. Similar categoría de advertencia tuvo en 1924 La krakatita, novela que, como apunta en el prólogo Gonzalo de Jesús, se corresponde con los ambientes creados por Fritz Lang en sus películas dedicadas al Dr. Mabuse: se suceden en ella explosiones, secretos letales, mujeres fatales, romances imposibles y desconcertantes imágenes oníricas. Pero, además, Çapek, como en buena parte de sus obras, imprime al relato un sentido del humor alocado que añade tonos de sátira a la misma advertencia racional. El protagonista, Prokop, un ingeniero excéntrico, inventa la krakatita, una sustancia capaz de liberar la energía oculta en la materia y de provocar explosiones de insospechados alcances. Tras un accidente en su laboratorio, Prokop descubre que la fórmula de su hallazgo ha caído en manos peligrosas y que algunas instituciones muy poderosas están dispuestas a llegar hasta el final para hacerse con el invento. Prokop tiene su más digno sucesor en el Dr. Strangelove de ¿Teléfono rojo? Volamos hacía Moscú (1964) de Kubrick. Ambos saben que el mundo es un pañuelo.









