la tribuna

Heroínas anónimas de las drogas

| Actualizado 04.05.2012 - 01:00
Share
LA práctica de la medicina nos demuestra que no existen enfermedades sino enfermos, por lo que la manera y modo de enfermar de una persona, manteniendo una sintomatología común, siempre conserva unos matices condicionados por las circunstancias personales, familiares, geográficas, genéticas, etcétera, de tal manera que la dinámica y evolución de la enfermedad se diferencia claramente y, por lo tanto, también su pronóstico. También se contempla que cuando una persona enferma de cierta entidad, toda la familia enferma y esta verdad se hace evidente en las drogodependencias, por eso la presencia, implicación y participación de la familia en los tratamientos es importante y necesaria; las escuelas de padres se imponen como factor terapéutico, aunque realmente la figura que buscamos con especial interés es la madre, ¿por qué?

Desde que iniciamos el primer programa de metadona (1978) en el Hospital Noble, tenemos argumentos acumulados para afirmar que las madres son las que verdaderamente padecen y sufren las drogas y que son singulares terapeutas en el proceso de su curación. En principio, son incentivadoras viscerales de ilusión y esperanzas que son eficaces y eficiente fármacos, pues en la enfermedad de la droga, triunfar es muchas veces ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo y queriendo fervientemente salvar a sus hijos lo hacen también con su familia. Son inmunes al desaliento, persistentes, sufridas, lo aguantan todo, lo soportan todo, lo perdonan todo... a pesar de que se saben engañadas, pero siguen adelante dando ánimos y alentando contra toda desesperanza. Nos enseñan que el amor es un movimiento interno que transforma en valiente a toda persona y de manera especial allí donde se encuentra la falta, encuentra el remedio; desde luego es el que evitando errores, hipoteca los fracasos. Practican de forma magistral el arte de comprender, entender y ayudar, y por eso se encuentran ávidas de las informaciones de los profesionales y aunque "el silencio madura la espera, el amor no soporta el silencio" y por eso, liberadas de complejos y vergüenzas, preguntan, preguntan y preguntan y nos hacen reflexionar sobre aspectos técnicamente importantes que apenas habíamos valorado.

Es iluminador para los profesionales conocer a estas madres, pues nos descubren dimensiones del pensamiento en que el concepto de imposible lo tienen muy discernido y nos enseñan que esa palabra representan los límites que nosotros mismos le ponemos a nuestras potencialidades mentales; son las neurociencias las que informan de esta gran verdad que nos estimulan para activar nuestros recursos cerebrales, que hasta ahora se presentan como ilimitados. Su pasión por ayudar su hijo consolidan una actitud permanente de construir y haciendo posible todo lo posible, empañan con intensidad el cristal con el que se ve lo imposible.

Creer en algo es trabajar para crear las condiciones idóneas para que pueda hacerse realidad aquello en lo que creemos: ellas creen firmemente que sus hijos se van a curar y esto es una convicción que la transmiten a los que la rodean e hipotecando las dudas que en muchas ocasiones frenan a los profesionales, y nos hacen despertar y salir de una indiferencia provocada por las recaídas frecuentes de estos enfermos. Y es que no es difícil conseguir que una persona deje el consumo de una droga, pues el verdadero problema es mantenerlo en la abstinencia y recuperar afectos, emociones y sentimientos, y estos objetivos son los que de manera prioritaria alcanzan las madres como auténticas protagonistas de la historia, pues "llorando, buscan la esperanza en su dolor" y consiguen con la bondad, que siempre es superior a la inteligencia, lo que las técnicas, terapias o fármacos no logran alcanzar, porque sigue de actualidad "que donde no llega la ciencia, llega el corazón".

Expreso en este artículo mi devoción, respeto, cariño y agradecimiento a todas las madres, heroínas anónimas, que me han mostrado su amor en mi ejercicio profesional: son las que en múltiples ocasiones me han iluminado y fortalecido, alejando desalientos, cansancios, sombras y oscuridades. De manera muy particular han sido y son las culpables que me han permitido encontrar un sentido a la vida, que es también el objetivo principal que intento alcanzar en los abordajes terapéuticos con estos enfermos: trabajar para que ellos consigan las respuestas que le orienten en la dirección que le quieren dar a sus vidas, pues sabiendo hacia dónde van, "todos los vientos le serán favorables".

No es accidental que el mes de mayo se asocie a la explosión de vida, alegría, energía y luz, y que se identifique secularmente con la figura de la madre... y es que sin madres el mundo no existiría o no merecería la pena que existiera.
0 comentarios
Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenido ofensivo o discriminatorio.

Nuevo comentario