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Los retos del PP
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Los retos del PP
Juan Ojeda | Actualizado 16.07.2012 - 01:00EL Partido Popular de Andalucía culminó ayer en Granada el proceso de renovación de su cúpula regional. Juan Ignacio Zoido, como presidente, y José Luis Sanz, como secretario general, son ya los máximos dirigentes de la organización política más potente de Andalucía. Tiene el PP una enorme presencia institucional que se refleja en los gobiernos de los más importantes municipios andaluces, las presidencias de cinco de las ocho diputaciones, el grupo parlamentario más numeroso y la representación de la Administración periférica del Estado en nuestra comunidad. O sea, casi todo, pero la falta la mayor, es decir, el Gobierno de Andalucía. Y de esa falta se deriva esta renovación, casi cantada desde el momento en que se conocieron los resultados del 25 de marzo.
Por eso Javier Arenas, después de su cuarto intento, y a pesar de saberse ganador, o precisamente por ello, ha dado lugar a este cambio, que no sólo es de personas sino también de modelo de organización partidaria. Ya, en alguna ocasión, he escrito que la estructura orgánica del PP andaluz se había ido amoldando, con el paso de los años, al liderazgo indiscutido de Arenas, pero que ese modelo que se adaptaba a él perfectamente, y los resultados lo demuestran, no servía para nadie más. De ahí que Juan Ignacio Zoido y José Luis Sanz, como era previsible, han propuesto un esquema organizativo más reducido, podando muchas presencias honoríficas y dando una participación efectiva a quienes ejercen, en el día a día, el poder institucional, como los alcaldes y presidentes de las diputaciones, que, en la mayoría de los casos ostentan también los primeros puestos en las estructuras del partido en sus provincias. Por tanto, a primera vista, el funcionamiento del PP andaluz, desde ahora, va a ser más transversal que vertical, lo cual, además de inteligente, es absolutamente necesario, puesto que el privilegio de la verticalidad incontestable se lo había ganado Arenas en el transcurso de los últimos veinte años.
Por supuesto que el PP tiene ahora que adaptar sus engranajes a los nuevos dirigentes y establecer un nuevo tipo de dirección entre ellos y con ellos. Y deben hacerlo rápido porque el problema no lo tiene el PP dentro, sino fuera, y aunque es necesario consolidar una organización con una fuerte cohesión interna y con un espíritu políticamente combativo, las bondades de estructura no son un fin, sino un medio. El fin en Andalucía es, de momento, gestionar las parcelas de gobierno que se tienen sin provocar el desafecto de los ciudadanos, lo cual en tiempos de crisis, no es tarea fácil. A medio plazo se trata de no perder ese espacio político que le permitió ganar las últimas elecciones. Por último, gobernar. Estos son los retos del PP.
Por eso Javier Arenas, después de su cuarto intento, y a pesar de saberse ganador, o precisamente por ello, ha dado lugar a este cambio, que no sólo es de personas sino también de modelo de organización partidaria. Ya, en alguna ocasión, he escrito que la estructura orgánica del PP andaluz se había ido amoldando, con el paso de los años, al liderazgo indiscutido de Arenas, pero que ese modelo que se adaptaba a él perfectamente, y los resultados lo demuestran, no servía para nadie más. De ahí que Juan Ignacio Zoido y José Luis Sanz, como era previsible, han propuesto un esquema organizativo más reducido, podando muchas presencias honoríficas y dando una participación efectiva a quienes ejercen, en el día a día, el poder institucional, como los alcaldes y presidentes de las diputaciones, que, en la mayoría de los casos ostentan también los primeros puestos en las estructuras del partido en sus provincias. Por tanto, a primera vista, el funcionamiento del PP andaluz, desde ahora, va a ser más transversal que vertical, lo cual, además de inteligente, es absolutamente necesario, puesto que el privilegio de la verticalidad incontestable se lo había ganado Arenas en el transcurso de los últimos veinte años.
Por supuesto que el PP tiene ahora que adaptar sus engranajes a los nuevos dirigentes y establecer un nuevo tipo de dirección entre ellos y con ellos. Y deben hacerlo rápido porque el problema no lo tiene el PP dentro, sino fuera, y aunque es necesario consolidar una organización con una fuerte cohesión interna y con un espíritu políticamente combativo, las bondades de estructura no son un fin, sino un medio. El fin en Andalucía es, de momento, gestionar las parcelas de gobierno que se tienen sin provocar el desafecto de los ciudadanos, lo cual en tiempos de crisis, no es tarea fácil. A medio plazo se trata de no perder ese espacio político que le permitió ganar las últimas elecciones. Por último, gobernar. Estos son los retos del PP.

