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La libertad de los zorros
la ciudad y los días
La libertad de los zorros
| Actualizado 29.01.2009 - 01:00LA indefensión de los menores y adolescentes frente a la astucia, el deseo, la manipulación, la explotación comercial o sexual y la crueldad de los adultos no es un precio a pagar por la democracia. La impunidad de los delincuentes, debida a la levedad de las penas, no es un precio a pagar por el respeto a los derechos humanos. La circulación de ofertas, mensajes, imágenes o propuestas dañinas para quienes carecen de madurez y formación no es un precio a pagar por la libertad de expresión. La pérdida de autoridad de los padres y educadores, en parte inducida por la compleja trama de intereses que explotan el potencial de consumo de los jóvenes, no es un precio a pagar por la libertad de mercado. El debilitamiento de los valores laicos y/o religiosos que están en la base de todo proceso formativo, porque sin ellos el conocimiento es archivo de datos, no es un precio a pagar por una educación que respete la pluralidad. El relativismo ético no es un precio a pagar por la tolerancia. La violencia, la inseguridad y el miedo no son un precio a pagar por la libertad. La permisividad con los comportamientos aberrantes no es un precio a pagar por la emancipación sexual. La puesta en cuestión de todo principio de legítima autoridad no es un precio a pagar por las libertades públicas conquistadas tras 40 años de dictadura. Dejar a nuestros hijos expuestos a las inducciones ambientales, resignándonos a que tengan costumbres y frecuenten ambientes que sabemos potencialmente dañinos, no es el precio a pagar por una educación para la libertad.
O nos tomamos en serio las palabras democracia, derechos humanos, libertad y educación -y al hacerlo le perdemos el miedo a las palabras castigo y represión- o seguiremos caminando hacia esa forma enferma de democracia que tan bien definió un líder comunista: "La libertad del capitalismo es la del zorro en el gallinero". Y en un gallinero en el que andan libres los zorros no basta educar para la libertad, confiando en que la madurez del carácter y la capacidad para decir no son las mejores protecciones para nuestros hijos, sino que hay que educar teniendo en cuenta las patologías sociales causadas por una gestión errónea de la libertad.
Lo pensaba leyendo con emoción las palabras del padre de Marta del Castillo: "Es tan inocente que una vez le dio la clave del Messenger a un amigo. Chateaba con unos primos que tiene en Santander, con una prima de Espartinas, con sus amigos de Chipiona y, sobre todo, con la gente del barrio y del colegio. No es buena estudiante, pero sí muy buena persona, que nunca nos había dado ningún problema".
O nos tomamos en serio las palabras democracia, derechos humanos, libertad y educación -y al hacerlo le perdemos el miedo a las palabras castigo y represión- o seguiremos caminando hacia esa forma enferma de democracia que tan bien definió un líder comunista: "La libertad del capitalismo es la del zorro en el gallinero". Y en un gallinero en el que andan libres los zorros no basta educar para la libertad, confiando en que la madurez del carácter y la capacidad para decir no son las mejores protecciones para nuestros hijos, sino que hay que educar teniendo en cuenta las patologías sociales causadas por una gestión errónea de la libertad.
Lo pensaba leyendo con emoción las palabras del padre de Marta del Castillo: "Es tan inocente que una vez le dio la clave del Messenger a un amigo. Chateaba con unos primos que tiene en Santander, con una prima de Espartinas, con sus amigos de Chipiona y, sobre todo, con la gente del barrio y del colegio. No es buena estudiante, pero sí muy buena persona, que nunca nos había dado ningún problema".

