calle larios

Los avioncitos

Pablo Bujalance | Actualizado 05.09.2009 - 01:00
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CIERTO que gustos hay tantos como almas y que las aficiones son respetables siempre que se mantengan en la más estricta legalidad. Lo que sí resulta discutible es la manera en que una ciudad organiza la satisfacción de los gustos de sus vecinos, porque, a menudo, la ejecución de semejante reto tiene como primera consecuencia el fastidio de otros. Y las mesuras aquí son difíciles de compensar. Ayer me disponía a almorzar en casa, con mi familia, cuando un ruido ensordecedor arrancó a tronar y los cristales de mis ventanas temblaron como en un terremoto. Salimos al patio y vimos en el cielo los aviones del Ejército del Aire que ensayaban su actuación en el Festival Aéreo Internacional que se celebrará mañana. A mi hija pequeña el episodio no le hizo gracia, a mi perro tampoco, y me dio por pensar en personas que guardan reposo en hospitales y centros en los que los sobresaltos son los primeros enemigos. Como mínimo, la demostración resultó molesta. Uno comprende que hay gente a la que le gustan esas acrobacias y que el evento puede constituir un reclamo turístico. Pero si lo de ayer sólo eran unos ensayos, que se repetirán hoy, habrá que aguardar a lo que pase mañana, cuando las 40 aeronaves modernísimas y los 100 pilotos entrenadísimos hagan de las suyas en un espectáculo que podrá verse desde El Palo hasta La Misericordia. Es decir, no hay escapatoria posible. Nos guste o no.

No sé qué pretende el Ayuntamiento con iniciativas como ésta. Si quiere promover la aeronáutica, resultaría más efectivo un museo: total, uno más, no importa. Pero no creo que unos numeritos escandalosos para tener embelesado al respetable contribuyan a hacer de Málaga la ciudad moderna, amable y cosmopolita que tanto se enorgullece de ser. La sensación es de que nuestros gerifaltes están dispuestos a subirse a cualquier carro. Incluso a los supersónicos. Por si acaso, yo ya tengo listo mi refugio antiaéreo dominical.