tiempos modernos

La hora de Cuba

Bernardo Díaz Nosty | Actualizado 12.03.2010 - 01:00
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DURANTE décadas, dimos todo el apoyo al pueblo cubano frente a la asfixia del bloqueo yanqui, sin dejar de ver en la resistencia al David amigo y, eso sí, lavando cualquier duda en el empeño con el argumento de la dignidad nacional y los logros de Castro en materia de educación y sanidad. Incluso, con razones sobradas, criticamos la torpeza de Aznar en su alineamiento con Washington frente a un país hermano y un régimen al que, ni en época de Franco, se le había dado un portazo tan brusco.

Con el fin de la Administración Bush, y Fidel Castro en la retaguardia vital, había motivos para creer que cambiaría la situación de la isla. Obama movió ficha en el arranque de su mandato, ofreciendo un nuevo marco de relaciones con Cuba y la revisión de las fracasadas políticas de Estados Unidos que, más que debilitar a Castro, ayudaron a la cohesión de los cubanos en torno al líder. Desde su retiro, fue Fidel quien en múltiples pastorales orientó la posición de La Habana, entre la admiración contenida y los remilgos democráticos ante el nuevo presidente.

Con Obama en la Casa Blanca, Raúl Castro no dudó en afirmar: "Estamos dispuestos a discutir todo, los derechos humanos, la libertad de prensa, los presos políticos, todo, todo, todo". Y entonces, llegó el comandante y mandó a parar… Fidel dijo: "Al afirmar el presidente de Cuba que está dispuesto a discutir cualquier tema con el presidente de Estados Unidos expresa que no teme abordar cualquier tipo de asunto. Es una muestra de valentía y confianza en los principios de la Revolución".

La semana pasada, el semanario norteamericano Newsweek destacaba la progresiva recuperación del mando por parte del viejo caudillo -"Fidel Castro is back in charge"-, al que atribuía la negativa a avanzar en el restablecimiento de las relaciones de vecindad con Estados Unidos. Ceder a los requerimientos relacionados con las libertades públicas -los mismos que acaba de exigir con firmeza el Parlamento Europeo- supondría hacer dejación de la esencia antiimperialista de su tutela. Cuba, lo ha dicho Fidel, "no pedirá limosna al nuevo Mesías" de "sonrisa amable y rostro afroamericano".

El desbloqueo psicológico de los cubanos está en marcha y el régimen se desmorona con una rapidez contra la que no caben más andamios. Ni la resistencia es ya virtud, ni evitar el levantamiento del bloqueo cohesiona a nadie. Las nuevas generaciones piensan en una Cuba integrada en la órbita de los paisajes democráticos, y sus mayores, la segunda generación leal del régimen, saben que no pueden sacrificar por más tiempo las expectativas de sus hijos.
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