Expertos abogan por poner precio a las emisiones de CO2 que genera el turismo

Un estudio revela que los destinos de sol y playa serán los más afectados en España por el cambio climático · Se calcula que el sector genera cerca del 5% de la emisión de gases de efecto invernadero

Agencias / Madrid | Actualizado 11.03.2010 - 14:25
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Turistas hacen cola para facturar en el aeropuerto de Málaga.

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Poner precio a las emisiones de gases de efecto invernadero que genera el turismo puede ser una de las soluciones para disminuir su impacto en el calentamiento global y, a la vez, minimizar los efectos de este fenómeno en el sector. El turismo de sol y playa será el más afectado en España por el cambio climático.

Estas son algunas de las conclusiones del libro Cambio climático y turismo: realidad y ficción, en el que 40 expertos internacionales convocados por la Organización Mundial del Turismo (OMT) analizan la relación entre el calentamiento global y el futuro de un sector que genera un 5% de la emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Durante su presentación, el profesor de la Universidad de Valencia Eduardo Fayos-Solá, coordinador del libro, subrayó que el turismo es "un vector" del cambio climático, pero también "una víctima", dada la "altísima" dependencia de la actividad turística respecto de la estabilidad climática y meteorológica (ausencia de fenómenos extremos).

Las predicciones de los científicos que apuntan hacia un aumento de la temperatura media global de la tierra o el aumento del nivel de los océanos tendrá un impacto directo en el turismo, en especial en los de playa y en el de nieve.

España será uno de los países más afectados, al igual que todo el área mediterránea, según señaló el profesor de la Universidad de Valencia Fernando Sapiña, uno de los autores del libro, quien precisó que "aunque no estamos hablando del fin del mundo", los fenómenos meteorológicos extremos por efecto del cambio climático serán "continuados, persistentes e insidiosos". Sapiña advirtió que el cambio climático afectará al turismo de playa español, si no se toman medidas al respecto, ya que "si aumenta la frecuencia de las olas de calor, los extranjeros podrán optar por destinos en algunas zonas de latitudes algo más altas".

El profesor Fayos-Solá advirtió que "estamos asistiendo al entierro de la edad de la inocencia en el turismo; esa era en la que creíamos que el turismo resolvería todo, que no tendría impactos, que no consumía espacio y no tenía costes ambientales".

"El libro es un chorro de agua fría sobre esto", según este profesor, secretario ejecutivo del Consejo de Educación y Ciencia de la OMT, quien incidió en que el turismo, como cualquier otra actividad económica, está basado en un uso "derrochador" de la energía.

En este sentido, consideró que el turismo "está mejor posicionado que otras actividades para el uso de energías renovables".

El libro señala "el final de un paradigma de hacer turismo y apunta hacia una nueva forma de hacer las cosas, hacia un turismo razonable y sostenible".

A este respecto, abogó por la urgencia de acabar con la "ignorancia" de que el turismo "no daña".

Para ello, en primer lugar hay que explicitar sus costes ambientales, de tal forma que el turista conozca las emisiones que genera un determinado viaje en avión o el hotel en el que se va a alojar. Se trata de instaurar un "sello de calidad ambiental", similar al que ya poseen los electrodomésticos en función de su eficiencia energética. Con conocimiento, el turista podrá abandonar la actitud de que "viajar lejos es muy bonito y muy exótico".

Además, según Fayos-Solá, "los tour operadores ya se están dando cuenta de que el turista de alto poder adquisitivo empieza a pensar que ya no es tan snob decir que se ha ido a Australia un fin de semana y ha metido doce toneladas de dióxido de carbono en la atmósfera".

Pero la buena voluntad del ciudadano y del sector privado no será suficiente, por lo que "tarde o temprano tendremos que hablar de tasas e impuestos".

"En la economía de mercado, sólo hay una medida concreta para actuaciones globales: aumentar el precio en los productos no deseables y disminuir o favorecer el consumo de actitudes o servicios que si son deseables", recordó el profesor Fayos-Solá.

Sobre si aconsejarían a un turista que dejara de realizar viajes con alto coste ambiental, señaló que "las recomendaciones vendrán cuando empecemos a medir cuál es el coste de emitir dióxido de carbono a la atmósfera y empecemos a poner un precio a ese coste y a cobrarlo".

Para el profesor Sapiña, "las soluciones deberían venir de la economía y la política, pero, a veces, da la sensación de que será la sociedad civil la que tomará las riendas del asunto y presionará para que se tomen medidas".
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