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Divina Pastora
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Suecia gana Eurovisión y Pastora Soler logra un 10º lugar injusto con la calidad de su canción.
Francisco Andrés Gallardo | Actualizado 27.05.2012 - 17:02No se fíen de los periodistas. Daban por favorita a Pastora Soler. Ni mijita. Otro chasco. Eso sí, Portugal nos dio 12 votos e Israel, 10. Occidente nos reconoció y el Este sólo nos dio la espalda. El Reino Unido, peñones a la mar, nos entregó 8 puntos. Y el abuelete Engelbert Humperdinck, penúltimo, se quedó casi en ayunas. No se lo merecía él. Ni nosotros, ni Pastora, la mediocridad de un 10º puesto. Por debajo incluso a lo que estimaban los apostantes. Hubo una noche gris.
También hubo hombreras, moños de Betty Missiego modernizados con rastas (tremenda la trágica albanesa, Rona Nishliu), vendas de caja de ratones de Gente con chispa (el lituano Donny Montell, nieto adoptivo de Jaime Morey), capuchas de Justin Bieber (Noruega), gorgoritos dignos de los Pecos (los Zack y Cody irlandeses, que evocaron con su ducha al Qué apostamos), vozarrones que contestarían a Mónica Naranjo y a Montserrat Caballé (la elegante francesa Anggun, vestida de Gaultier; la sueca-marroquí Loreen, ganadora de calle; Azerbaiyán). Y hasta una Shakira rumana surgida como de una versión de tienda de chinos.
La nueva Eurovisión en estado puro. Fans, un bosque de focos, un decorado virtual que da mayor ritmo a un programa que nunca defrauda por entretenimiento y un ambiente de discoteca after hours que lleva a la misma Alemania a cantar también en inglés. Y Rumanía, en splangish. En medio siglo no hemos llevado a nadie a cantar en catalán (eso lo hacía Andorra por nosotros), pero había senyeras futboleras enarbolándose por el coliseo de Bakú. ¿Pitaron cuando el decorado se convirtió en rojo y amarillo?
Eurovisión es como el amigo cervecero que nunca falla. Por momentos parecía un Lluvia de estrellas. La de Ucrania iba a lo Mariah Carey aunque de lejos parecía Carmen de Mariena; la italiana era una notabilísima hermana de Amy Winehouse, una crecida Nina Zilli que también mereció mucho más en los votos; el de Moldavia recuperaba a Micky con Enséñame a cantar; y el de Noruega, el yogurín de la noche, último puesto, lo intentaba por lo Zac Efron. Y en todo lo alto, el coro de hogar del pensionista en fiesta del patrón de las rusas Buranovskiye Babushki, que impactaron a la sorprendida audiencia continental. Se convirtieron en las estrellas del green room, la sala de espera convertida en centro del coliseo.
A lo largo de la sincopada gala hubo temillas pop trasnochadetes como los de Serbia, Chipre o Grecia y mamarrachos sin paliativos como el turco, pese a lo que digan los votos logrados. El imperio bizantino también se cae por el flanco musical, pero se votaron entre ellos, claro, y salieron al rescate. Ni televoto, ni jurado. Esto no tiene remedio. Fue fácil predecir muchas máximas puntuaciones por motivos de vecindad y afinidad. Lo de lo todos los años. Por los Balcanes y por el Báltico. Un tratado de geografía humana.
Eurovisión, siempre entre el casino y las cartas marcadas. Entre el camelo y el amiguismo. Y musicalmente, entre Ibiza y la Scala de Milán. Entre el fuego de los lanzallamas y los rayos láser. Entre el cielo y el suelo. Y ataviada como una diosa griega, con la voz de los ángeles, con un torrente surgido desde la gloria macarena, bajó Pilar. Como una Victoria de Samotracia. Viva Coria. Divina Pastora Soler. Una actuación en primera línea de esas que necesitaba la representación española hacía tiempo. Y llevamos nueve años que no subimos del 10º lugar, algo impropio para tanta tradición eurovisiva como la de España, el país de Rosa, la de los pelos de la negra del ballet Zoom. Qué impresión nos causó tras el partido.
Pastora tuvo un segundo de duda al principio, pero pisando cada escalón de su subida tonal, nuestra paisana terminó ocupando todo el telón azul del Crystal Palace. Qué grande. Quédate conmigo sobrecogió. Pero los votos volaron ante la sonrisa de Secun de la Rosa, el presentador de la gala junto a un guayabo caucásico.
La sueca Loreen, se marchó disparada de inmediato del casillero. La Euphoria estaba cantada. Con 372 puntos. Iba para ganadora en pugna con las abuelas de la fabada rusa. La canción sueca es un derroche de interpretación, de pop étnico. Las casas de apuestas, una vez más, no se equivocaron. Y a Pastora le recortaron las ilusiones y acabó décima. Injustamente, pero esa es la justicia de la Eurovisión. A la canción española le votaron con 8 puntos Suiza; 6 puntos, Rumanía, Austria, Bélgica, Francia, Chipre y Holanda; Bosnia, 5; Suecia y Estonia, 4; Bulgaria y Finlandia, 3; Islandia, 2; y San Marino y Hungría, 1. Más Portugal, Israel y el Reino Unido, amontonaron 97 puntos que supieron a muy poco. Magro cargamento. La misma euphoria del narrador español, José María Íñigo, fue decreciendo mientras pasaban los minutos y los votos. Inevitable el desencanto.
Azerbaiyán aprovechó para venderse como país en el mapa. Con el petróleo como combustible, les quedó de impresión toda su presentación turística previa a las actuaciones ante toda Europa. De libertad andan regular, pero de pasta llevan de sobra. Y de compadreo, también: en el intermedio actuó el marido de la hija del presidente del país.
También hubo hombreras, moños de Betty Missiego modernizados con rastas (tremenda la trágica albanesa, Rona Nishliu), vendas de caja de ratones de Gente con chispa (el lituano Donny Montell, nieto adoptivo de Jaime Morey), capuchas de Justin Bieber (Noruega), gorgoritos dignos de los Pecos (los Zack y Cody irlandeses, que evocaron con su ducha al Qué apostamos), vozarrones que contestarían a Mónica Naranjo y a Montserrat Caballé (la elegante francesa Anggun, vestida de Gaultier; la sueca-marroquí Loreen, ganadora de calle; Azerbaiyán). Y hasta una Shakira rumana surgida como de una versión de tienda de chinos.
La nueva Eurovisión en estado puro. Fans, un bosque de focos, un decorado virtual que da mayor ritmo a un programa que nunca defrauda por entretenimiento y un ambiente de discoteca after hours que lleva a la misma Alemania a cantar también en inglés. Y Rumanía, en splangish. En medio siglo no hemos llevado a nadie a cantar en catalán (eso lo hacía Andorra por nosotros), pero había senyeras futboleras enarbolándose por el coliseo de Bakú. ¿Pitaron cuando el decorado se convirtió en rojo y amarillo?
Eurovisión es como el amigo cervecero que nunca falla. Por momentos parecía un Lluvia de estrellas. La de Ucrania iba a lo Mariah Carey aunque de lejos parecía Carmen de Mariena; la italiana era una notabilísima hermana de Amy Winehouse, una crecida Nina Zilli que también mereció mucho más en los votos; el de Moldavia recuperaba a Micky con Enséñame a cantar; y el de Noruega, el yogurín de la noche, último puesto, lo intentaba por lo Zac Efron. Y en todo lo alto, el coro de hogar del pensionista en fiesta del patrón de las rusas Buranovskiye Babushki, que impactaron a la sorprendida audiencia continental. Se convirtieron en las estrellas del green room, la sala de espera convertida en centro del coliseo.
A lo largo de la sincopada gala hubo temillas pop trasnochadetes como los de Serbia, Chipre o Grecia y mamarrachos sin paliativos como el turco, pese a lo que digan los votos logrados. El imperio bizantino también se cae por el flanco musical, pero se votaron entre ellos, claro, y salieron al rescate. Ni televoto, ni jurado. Esto no tiene remedio. Fue fácil predecir muchas máximas puntuaciones por motivos de vecindad y afinidad. Lo de lo todos los años. Por los Balcanes y por el Báltico. Un tratado de geografía humana.
Eurovisión, siempre entre el casino y las cartas marcadas. Entre el camelo y el amiguismo. Y musicalmente, entre Ibiza y la Scala de Milán. Entre el fuego de los lanzallamas y los rayos láser. Entre el cielo y el suelo. Y ataviada como una diosa griega, con la voz de los ángeles, con un torrente surgido desde la gloria macarena, bajó Pilar. Como una Victoria de Samotracia. Viva Coria. Divina Pastora Soler. Una actuación en primera línea de esas que necesitaba la representación española hacía tiempo. Y llevamos nueve años que no subimos del 10º lugar, algo impropio para tanta tradición eurovisiva como la de España, el país de Rosa, la de los pelos de la negra del ballet Zoom. Qué impresión nos causó tras el partido.
Pastora tuvo un segundo de duda al principio, pero pisando cada escalón de su subida tonal, nuestra paisana terminó ocupando todo el telón azul del Crystal Palace. Qué grande. Quédate conmigo sobrecogió. Pero los votos volaron ante la sonrisa de Secun de la Rosa, el presentador de la gala junto a un guayabo caucásico.
La sueca Loreen, se marchó disparada de inmediato del casillero. La Euphoria estaba cantada. Con 372 puntos. Iba para ganadora en pugna con las abuelas de la fabada rusa. La canción sueca es un derroche de interpretación, de pop étnico. Las casas de apuestas, una vez más, no se equivocaron. Y a Pastora le recortaron las ilusiones y acabó décima. Injustamente, pero esa es la justicia de la Eurovisión. A la canción española le votaron con 8 puntos Suiza; 6 puntos, Rumanía, Austria, Bélgica, Francia, Chipre y Holanda; Bosnia, 5; Suecia y Estonia, 4; Bulgaria y Finlandia, 3; Islandia, 2; y San Marino y Hungría, 1. Más Portugal, Israel y el Reino Unido, amontonaron 97 puntos que supieron a muy poco. Magro cargamento. La misma euphoria del narrador español, José María Íñigo, fue decreciendo mientras pasaban los minutos y los votos. Inevitable el desencanto.
Azerbaiyán aprovechó para venderse como país en el mapa. Con el petróleo como combustible, les quedó de impresión toda su presentación turística previa a las actuaciones ante toda Europa. De libertad andan regular, pero de pasta llevan de sobra. Y de compadreo, también: en el intermedio actuó el marido de la hija del presidente del país.
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Ser tu mismo! imitar tiene susriesgos. Despierta lo mejor de ti. Si sonrio el espejo me devuelve la sonrisa la actitud que tome en la vida, es la misma que la vida tomará conmigo. Sé siempre humile y agradecido a pesar de tus éxitos y recuerda que en tu vida opera siempre una fuerza mayor que tu ego. . .
Debería España de dejar de actuar en Eurovisión. Nos cuesta una pasta, y al final entre países el colegueo hace que ganen unos u otros. . . Vamor a ir recortando también esto ¿no Rajoy? No obstante, Pastora Soler puso los pelos de punta a todos los que la escuchamos anoche. Ole!
Yo voto por enviar a un friky siempre. Esta visto que este festival es de lo mas injusto con la canción que se pueda ver. No triunfan las grandes artistas, las grandes voces. Triunfa lo esperpentico, lo cutre, lo rancio. Si ayer visto lo visto, la mejor voz y la mejor artista, quedo la décima, imaginense la calidad del festival. . .