La cara amable de este arte

  • Mercé cien por cien. Jerez cien por cien. Cantó con ganas, con rabia, con gusto.

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No se me ocurre qué puedo decir de nuevo sobre José Mercé. Hace años que está instalado en la misma foto fija. Siempre está bien. Es un profesional. Es la cara amable de este arte. No hay otro referente, ni histórico ni actual, en este sentido. Hasta El Peluso y el Chato de las Ventas, que eran cómicos además de cantaores, tenían su lado oscuro. No parece que sea así  en el caso de Mercé. Está instalado en la sonrisa. Su capacidad innata de seducción, de su voz y de su planta sobre el escenario, genera una corriente de complicidad con el público que se inicia en el minuto cero y acaba con el telón. Así ocurrió anoche. El público lo jaleó. Aplaudió sin parar. Incluso lo fotografió masivamente. Hubo un momento que el personal de sala del teatro renunció a intentar comunicar a esa parte del respetable que va a los conciertos como a un mero acto social, que los flashes desconcentran al público y a los artistas. Mercé sonríe amistoso a los flashes y a las peticiones absurdas (“canta un fandango de Huelva”) de los que parece considerar (y no tengo motivos para dudar de su sinceridad, sino todo lo cotrario) sus amigos. Sus fans.

Incluso cuando le mete la cuchara a los cantes graves, parece un mero trámite, llamado seguiriyas, soleá, malagueñas y toná, para lo que viene después. Lo que viene después me provoca, como al resto del público, una sonrisa cómplice. Las alegrías, plenas de ritmo y de guasa. Es sin duda el mejor cantaor jerezano por este palo, faceta en la que sigue de cerca los pasos de su tío Manuel Sordera. También aprendió de su tío la forma sentimental y lúcida de ejecutar el fandango del Gloria. En el del Carbonerillo surge en el cantaor el recuerdo de su hijo Curro, fallecido en la adolescencia.

Y la recta final por bulerías: Mercé cien por cien. Jerez cien por cien. Cantó con ganas, con rabia, con gusto. Letras y melodías de la tradición del barrio de Santiago. Y también algunas coplas arromanzadas. Respaldado por las guitarras de Manuel Moreno (a los dos se les ha puesto el pelo blanco en el escenario, juntos) y de Diego del Morao. Y por un coro griego de palmeros, cinco, que jalean y espolean con la indispensable progresión rítmica.

Manuel Moreno demostró que, aunque no tan avanzado armónicamente como su hijo, sigue siendo la guitarra jerezana actual. El tempo, la seguridad y la fiereza rítmica con la que acompañó la seguiriya es un patrimonio familiar que Moraíto toma de su tío Manuel Morao para actualizarlo y proyectarlo al futuro.

Cante: José Mercé. Guitarra: Manuel Moreno ‘Moraíto’, Diego del Morao. Percusión: Marcelino Fernández. Baile: Curra. Palmas: El Bo, Chícharo, Mercedes García. Palmas y cante: Enrique el Zambo. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves, 2 de octubre. Aforo: Casi lleno, con el anuncio de localidades agotadas.

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