Burbujas y melancolía

  • Michel Legrand cumple 80 años y el sello Universal lo celebra con una caja de 4 CD que recoge todas sus facetas musicales.

Caja 4 CD + libreto (16 págs). Emarcy France/Universal - 300 min, - 23 euros

"Desde que era un niño, mi deseo fue dedicarme plenamente a la música y mi sueño que nada de ella se me escapase. Esa es la razón por la que nunca me he establecido en una única disciplina. Me gusta tocar, dirigir, cantar o componer en diferentes estilos. Me mueve la curiosidad, así que hago de todo. Mis actividades caminan en paralelo en todo momento y me implico en ellas profunda y seriamente. La diversidad me preserva del uniforme. Si tuviera que confinarme a un solo dominio, mi vida se detendría".

Michel Legrand (París, 1932) recoge hoy (homenajes, premios, discos recopilatorios, conciertos) la siembra de seis décadas de incansable apetito y actividad musicales que lo han llevado por medio mundo componiendo, arreglando, cantando, tocando e incluso dirigiendo cine (Cinq jours en juin), del jazz y las variedades a la música clásica, del pop a la música cinematográfica o el ballet, de la gran orquesta sinfónica a la intimidad del piano, el arpa y la voz, de las burbujas a la melancolía.

El sello Emarcy France, que ha editado en años recientes buena parte de su legado cinematográfico (sus esenciales colaboraciones con Demy, su música para la nouvelle vague, suites para concierto o la monumental caja-libro Le cinéma de Michel Legrand), celebra su aniversario con una nueva caja con 4 CD que recoge las diferentes facetas del compositor: canciones compuestas e interpretadas por él mismo; sus composiciones y arreglos jazzísticos, donde encontramos a célebres intérpretes como Miles Davis, Stan Getz, Bill Evans, Bud Shank, Gerry Mulligan, Sarah Vaughan o Lena Horn; su música para el cine, entre la que no faltan sus títulos y éxitos más conocidos como Verano del 42, Los paraguas de Cherburgo, Las señoritas de Rochefort, Cléo de 5 a 7, El mensajero, Yentl, The Thomas Crown Affair o Nunca digas nunca jamás; y su faceta como pianista junto a la arpista Catherine Michel, con quien interpreta a dúo nuevos arreglos de su repertorio.

Cuatro discos que, en palabras de Stéphane Lerouge, responsable de la edición y director de la imprescindible colección Écoutez le cinéma, ofrecen una imagen de Legrand como un "compositor multi-registro siempre en busca de nuevos encuentros, un músico que pulveriza fronteras en su rechazo al establecimiento de jerarquías entre géneros musicales, un músico para el que un tango puede tener más valor que algunas obras de Wagner".

Como otros compositores de cine de su tiempo (Barry, Morricone, Mancini), Legrand representa al músico moderno y ecléctico por excelencia, formado en la disciplina clásica del conservatorio pero con un oído siempre atento a los sonidos y ritmos populares y a los lenguajes del jazz y el pop que atravesaron los años cincuenta y sesenta para filtrarse desde la radio, los escenarios y los salones de baile a las películas de una época de rupturas y renovación generacional.

Acompañante y director musical de artistas (Salvador, Chevalier) en su juventud, Legrand quedó pronto fascinado por las orquestas de jazz de Dizzy Gillespie, Count Basie y Duke Ellington. En 1957, con apenas 26 años, firma su primer disco para Columbia con la colaboración de Coltrane, Evans, Woods, Webster y Miles Davis. Poco después llegaría el encuentro con el cine, la nouvelle vague y el salto a Hollywood, donde trabajará con Altman, Pollack, Jewison, Eastwood o Streisand. Legrand se convierte en marca y garantía de éxito gracias a su talento innato para la melodía y los arreglos y a ese espíritu de los tiempos en los que tener un buen tema en la banda sonora era esencial para su promoción cruzada con la industria del disco.

Acompasando el jazz, la música barroca y los sonidos de su época, la amplitud del trabajo de Legrand es más grande de lo que uno pueda pensar. Estas cinco horas de música no dejan de ser un intento subjetivo de reflejar el vasto Continente Legrand en torno a cuatro grandes polos. Pero los polos, ya sabemos, se atraen irremediablemente.

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