Crítica 'Phillip Morris, ¡te quiero!'

Carrey vuelve a mentir

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Phillip Morris, ¡te quiero! Comedia dramática, EEUU-Francia, 2009, 102 min. Dirección: John Requa, Glenn Ficarra. Guión: J. Requa y G. Ficarra, a partir del libro de Steve McVicker 'I love you, Phillip Morris'. Fotografía: Xavier Pérez Grobet. Música: Nick Urata. Intérpretes: Jim Carrey, Ewan McGregor, Leslie Mann, Rodrigo Santoro.

En su empeño por demostrar que además de una mueca de dibujo animado es un ser de carne y hueso con capacidades interpretativas, Jim Carrey ha ido acumulando un pequeño lote de películas más (El show de Truman) o menos (The Majestic) logradas en las que se presenta a sí mismo como algo más que una batidora de gesticulaciones. Es el caso de esta comedia con perfume gay en la que repite el tipo del mentiroso compulsivo que dentro o fuera del armario engaña por igual a sus parejas femeninas o masculinas, a las víctimas de sus estafas, a los guardianes de las cárceles en las que no deja de entrar y salir (a veces a través de caminos poco ortodoxos) e incluso a él mismo. Parece como si el recuerdo de aquella película arrastrara a Carrey a una identificación con su gesticulante protagonista, arruinando su voluntad de mayor contención en este caso; o como si fuera el espectador quien, ante el mismo actor interpretando un personaje parecido, no pudiera evitar ver a este Carrey en la línea de sus películas disparatadas en vez de en la de las serias. El caso es que el invento no funciona.

No ayudan el guión, sobrado de verbalismo, ni la realización, que abusa de los efectos. En su debut como realizadores los guionistas Glenn Ficarra y John Requa (Bad Santa) aciertan sólo a medias en esta visión desencantada y no exenta de tosquedad de los límites y mentiras del sueño americano (argumento rancio que, sin embargo, tiene la desconcertante cualidad de venderse siempre como nuevo), representado por quien aprovecha la pasión por las apariencias para ganarse la vida. Lo mejor de la película es un Carrey más él mismo de lo que hubiera sido deseable y un Ewan McGregor que crea el tipo mejor interpretado de la película.

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