Crítica de Cine

Cine de sofá

Rob Cohen, un surfero reconvertido en director de series televisivas (1984-1989) y películas de acción a partir de su debut con Dragón: la vida de Bruce Lee (1993), prometió algo -no mucho- con la siguiente Dragonheart (1996) para después ir decepcionando con un cine rutinario en el que solo destaca la primera entrega de A todo gas (y ello exclusivamente por su éxito en taquilla y ser la cabeza de puente de una serie que alcanza ya diez títulos).

La veteranía no le ha hecho madurar y ahora se presenta con más de lo mismo: una mezcla entre cine de golpe perfecto a gran escala (se trata de asaltar el Tesoro de los Estados Unidos) y cine de catástrofes (los ladrones cuentan con un ruidoso y destructivo cómplice: un huracán). Lo que, por cierto, recuerda demasiado a una olvidada pero no del todo desdeñable película de los 90, Hard Rain, que mezclaba atraco, diluvio e inundaciones.

Al final no tenemos ni una buena película de atracos ni una convincente película de catástrofes sino un anfibio tan torpe y rutinario en tierra seca como en agua. Válida para pasar el rato dando una cabezada un sábado o un domingo por la tarde… Y a través de la tele, por supuesto. Esto es -por mucho ruido que haga desde la pantalla grande y efectos especiales que la llenen- cine de sofá.

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