Disparate descarado que alardea de disparatado descaro

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Furia ciega 3D. EEUU, 2011, acción, 104 min. Dirección: Patrick Lussier. Intérpretes: Nicolas Cage, Amber Heard, William Fichtner.

A los dos minutos un Nicolas Cage teñido le vuela de un tiro la mano a un tipo. Como se trata de 3D -unos de los elementos de gilipollización más poderosos de la reciente historia del cine- la sangre, la mano cortada y la herramienta que empuñaba saltan hacia el público. A partir de ahí coches de los 70, ensaladas de tiros, palizas a mujeres, escupitajos y salpicones de sangre a la pantalla, tetas, conducción suicida, cuellos cortados con navajas de afeitar, asesinos que se chupan los dedos chorreantes de la sangre de sus víctimas, sectas satánicas que sacrifican bebés, un justiciero omnipotente empeñado en recuperar a su nieto y vengar a su hija, un ángel de la muerte perseguidor que brinda a la cinta, a través de William Fichtner, la única interpretación digna de tal nombre. Firma la cosa el canadiense que ya ha firmado Ángeles y demonios o San Valentín sangriento 3D. Nada de lo que sorprenderse.

Disparate descarado que se justifica haciendo alarde de su disparatado descaro. Grosería deliberada. Estupidez programada. Truculencia y sadismo en 3D. Cage -¡y dicen que el sistema de los estudios era duro para los actores!- haciendo lo que puede para sobrevivir. Hasta interpretar una escena en la que se beneficia a una señorita mientras se fuma un puro con una mano y con la otra se carga a una pandilla de basura blanca.

Vuelta de tuerca al universo de Tarantino o de Robert Rodríguez descendido a niveles de infracine que se acoge a los consabidos precedentes de las series B para autocines o los subgéneros de violencia extrema de los 70. No caben justificaciones crítico-académicas que utilicen palabros para nombrar esta cascarria, dignificándola como divertida provocación grindhouse, gore, splastick, slaher o splatter y un ejercicio de reescritura pos-hiper-moderna trash. Basura, mal cine. Y punto. Supongo que a estos colegas Paqui las coles les debe parecer una provocativa reescritura de Ana Magnani.

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