Gyllenhall y los saltos temporales

  • El actor protagoniza 'Código fuente': una historia que mezcla la ciencia-ficción con el miedo al terrorismo · Duncan Jones, director del film, tuvo un sonado debut con su ópera prima, 'Moon'

Los viajes en el tiempo son uno de los clásicos del género de la ciencia ficción. Son filmes en los que siempre quedan cabos sueltos, pues el hacer la gracia de dejar una pista que une las dos épocas nunca queda bien, pero bueno. Estas historias plantean siempre un juego metafísico, ya que usan el concepto de poder cambiar el pasado. Este error que puede ser modificado, esa catástrofe que puede evitarse, la posibilidad de matar a Hitler cuando es un vagabundo en Viena y cambiar se supone que para mejor la historia, etc. Esto lleva a que las historias de saltos en el tiempo, se centren en los dramas personales o en los grandes dramas históricos.

Código fuente, que se estrena hoy, une esto con uno de los miedos de la sociedad del Tercer Milenio, como es el terrorismo. En cierto sentido sigue lo hecho por Tony Scott hace unos años en Deja Vu, donde se intentaba evitar un atentado con implicaciones privadas, pues Denzel Washington quería salvar en especial a una guapa chica. Código fuente incide en este aspecto. Es el segundo film de Duncan Jones, hijo de David Bowie (nacido David Robert Jones) que ya tuvo un sonado debut con su ópera prima, Moon, multipremiada en Sitges, el típico film que no tuvo mucho éxito comercial pero si crítico y de prestigio. Ahora sigue en la ciencia ficción con tendencias metafísicas pero algo más comercial. Esta película deriva sobre todo del impulso de su protagonista, Jake Gyllenhall, que estaba trabajando con Jones en un proyecto que no llegó a cuajar. Sin embargo, se cayeron lo suficientemente bien como para querer seguir colaborando. El actor entró en Código fuente e impuso a su nuevo amigo como el director del proyecto. Duncan Jones es consciente de que muchos ojos van a ver su segundo film, sobre todo los que vieron en él a un nuevo autor graciar a Moon, y pueden pensar que se ha vendido al vil metal. Aunque el prometedor cineasta insiste en que la ha rodado con total libertad.

Gyllenhall está rodeado por dos actrices en ascenso. La chica de la función es Michelle Monaghan y Vera Farmiga, una de estas intérpretes a las que el éxito está llegando en su madurez, sobre todo tras ser candidata al Oscar el año pasado por su film Up in the air, donde conseguía dar la talla ante la galanura de George Clooney.

Como se ha dicho, Código fuente mezcla la ciencia ficción con el miedo al terrorismo, aunque la historia también presenta algún toque a lo Philip K. Dick sobre la verdadera identidad. Un capitán de las fuerzas aéreas de los Estados Unidos destinado en Afganistán aparece en un tren camino de Chicago, sin saber que hace allí. Cuando sorprendentemente explota, aparece en otro lugar. Descubre que forma parte de un experimento llamado 'Código fuente', que consiste en enviarle al pasado un breve espacio de tiempo y metiéndose en el cuerpo de otra persona. Su objetivo no es tanto evitar el atentado, que supondría el consabido cambio impredecible en el pasado, como buscar pistas de quien lo cometió, para impedir que cometa otro. El problema es que en el tren condenado viaja una chica de la que se enamora en sus repetidos saltos temporales, y empieza a saltarse las órdenes para evitar su muerte.

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