Humanismo de fórmula

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Mis tardes con Marguerite. Comedia dramática, Francia, 2010, 82 min. Dirección: Jean Becker. Guión: Jean Becker y Jean-Luc Dabadie. Fotografía: Arthur Choquet. Intérpretes: Gérard Depardieu, Gisèle Casadesus, Maurane, Patrick Bouchitey, Jean-François Stévenin, François-Xavier Demaison, Claire Maurier.

Desde que encontrara la fórmula del éxito con La fortuna de vivir (1998), el veterano Jean Becker ha venido repitiéndola sin disimulo alguno en una serie de títulos -Un crimen en el paraíso, Los jardines de la memoria, Conversaciones con mi jardinero, Dejad de quererme- de innegable vocación humanista rayana en la sensiblería y el sentimentalismo, a partir de un formato de cámara hecho a la medida de personajes entrañables (esas clases populares del mejor cine realista francés de los años treinta puestas al día) e intérpretes con prestigio dándolo todo por sus criaturas en un ejercicio tan resultón como blando y previsible.

Mis tardes con Margueritte reúne a Gérard Depardieu en plan rainman con sobrepeso y a la veterana Gisèle Casadesus para ponerlos a charlar amigablemente en el banco de un parque de una prototípica ciudad de provincias y celebrar el espíritu de las buenas gentes (con defectos y traumas de infancia) y las penas y alegrías cotidianas de esa clase trabajadora que levanta el país de Sarkozy y Le Pen cada mañana.

Todo en la película nace del cálculo a partir del pintoresquismo y las buenas intenciones, desde ese grupo multicultural de amigotes del bar al retrato (piadoso) de la madre del protagonista, un hombre al que le falta tanta inteligencia como le sobra bonhomía. Añádasele al conjunto una didáctica lección sobre el poder de la lectura como vía de superación, una reflexión sobre la vejez en tiempos de asilo y un final tan optimista y esperanzador como atropellado e ingenuo, y aquí tienen el pastel amable del verano. Menos mal que es corto y que no tiene mucha música.

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