Crítica 'En un mundo mejor'

Pornografía sin fronteras

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En un mundo mejor. Drama, Dinamarca-Suecia, 2010, 110 min. Directora: Susanne Bier. Guión: Anders Thomas Jensen. Fotografía: Morten Søborg. Música: Johan Söderqvist. Intérpretes: Mikael Persbrandt, Trine Dyrholm, Ulrich Thomsen, William J. Nielsen, Markus Rygaard.

Me van a permitir que reproduzca aquí un fragmento de la clarividente crítica que escribió Alfonso Crespo en estas mismas páginas tras el pase de En un mundo mejor por el Sevilla Festival de Cine Europeo, primera parada exitosa (cómo no) de una cinta que no ha parado de cosechar premios, Globo de Oro y Oscar a la mejor película de habla no inglesa incluidos. Escribía Crespo: (la cinta de) "Susanne Bier, con sus muertos de cáncer, sus chicos psicópatas de vez en cuando, sus adultos comprensivos, sus operaciones en primer plano y sus africanitos saludando con las manitas, nos parece repugnante".

A un servidor también. En efecto, se trata de ese "cine minusválido", como el de los Haggis-Iñárritus-Arriagas-Akins de turno, como el personaje tantas veces encarnado por el gran Erich von Stroheim, que tanto nos gusta odiar, esa otra modalidad de "cine pornográfico" (en otro feliz hallazgo), éste sí autorizado para todos los públicos, deseosos de enjuagar sus malas conciencias ante una pantalla, que no trabaja ya con la insoportable o cruda emergencia de lo real, sino que reconstruye una tendenciosa y efectista trama de imágenes saturadas, emociones enlatadas y "psicología barata" dispuestas para aleccionarnos y sermonearnos a propósito de los peligros y males que acechan a la globalizada sociedad contemporánea.

En efecto, la pornografía global y manipuladora de En un mundo mejor nos alerta de la necesidad de vigilar a nuestros hijos, potenciales criminales demoniacos si no les damos el cariño que necesitan, nos invita a poner la otra mejilla como gran gesto moral para la conciliación y la armonía entre clases y culturas, nos avisa de que, a pesar de las desigualdades del planeta, la espiral de la violencia funciona de la misma manera en un sitio (África, con sus negritos y sus matones tuertos) que en otro (la aseada Dinamarca de las clases medias en la que el bullying y el enfriamiento de los afectos campan a sus anchas), todo ello, por supuesto, bajo la atractiva imagen de un gran anuncio publicitario con músicas evanescentes y constreñido hasta la asfixia en uno de esos guiones de escuela (firmado por el reincidente Ander Thomas Jensen) en el que cada acto tiene sus consecuencias morales inmediatas, cada movimiento su continuación dramática y cada detalle avisa de lo que está por venir: la más inverosímil y patética redención de grupo que hemos visto en mucho tiempo. Es lo que hay.

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