'Scream' acuchilla diez años después

  • De la mano del guionista Willianson la saga de Craven resultó más que una parodia del género de adolescentes asesinados

Wes Craven es uno de los directores más insólitos del panorama estadounidense. Pasados ya los 70 años, se ha movido siempre en los límites del género fantástico -cuando ha intentado irse de él los resultados no han sido brillantes, como pasó con el drama musical Música del corazón- y ha creado escuela con algunas de sus obras, aunque el resto son más discutibles.

En los años 70 abrió el camino al gore con las controvertidas Las colinas tienen ojos y La última casa a la izquierda. En los 80 creó un mito al realizar Pesadilla en Elm Street, con su carga de secuelas, filme que influyó en el cine de terror subgénero acuchillador más de lo debido.

La saga degeneraba título tras título, pero tuvo un estrambote curioso en 1995, con un filme que los sabios denominarían metacine, ya que contaba cómo Freddy y sus guantes afilados empezaban a aparecerse a los propios actores de Pesadilla, que en un gran momento iban a hablar con el propio Craven.

Un juego que pudo influir en el siguiente hito del director, que precisamente llegó un año después. De la cómplice mano del guionista Kevin Williamson, Scream resultó ser mucho más que una parodia del género de adolescentes acuchillados por un psicópata en serie. Fue una aguda autorreflexión, un manual que resultó ser muy estimulante. La ya mítica secuencia precréditos con Drew Barrymore es un clásico de este tipo de películas. Craven se portó bien con Scream, dándole sólo dos secuelas inmediatas que no desmerecían mucho del original. La cerró evitándole la triste decadencia de Freddy Krueger. Pero si El Quijote acabó con los libros de caballerías, Scream no acabó con las películas de adolescentes exterminados en una noche, así que Craven se ha replanteado el tema y en plena Semana Santa nos presenta Scream 4.

De nuevo unos maduritos Neve Campbell (la sufrida superviviente de las tres entregas anteriores), Courtney Cox (la periodista sin tacha) y David Arquette (el desbordado policía) figuran en el reparto. Pero la saga se rejuvenece en dos sentidos.

Una nueva hornada de jóvenes promesas que toman el relevo (Emma Roberts, Hayden Panettiere, apariciones estelares de Anna Paquin y Kristen Bell) y las innovaciones que han ocurrido en el género desde que Scream lo cuestionase.

Por ejemplo, ya sabemos -y en parte gracias a éxitos españoles como [REC]- que un asesino en serie no es nada si no tiene una cámara digital a mano para grabar sus "hazañas". Y que internet -que cuando la primera serie de filmes echó el cierre hace once años estaba en sus balbuceos- es un gran difusor. De noticias, de clubs de fans y de información sobre psicópatas.

Y alguna de las nuevas reglas pueden ser nocivas para los veteranos de los primeros Scream, pues las viejas glorias ya no tienen garantizada su supervivencia en las secuelas.

Todo esto en un marco en el cual en el pequeño Woodsboro se conmemora el décimo aniversario de las masacres del primer Ghostface.

Allí vuelve Sydney, convertida en escritora de éxito, para participar en los actos, así como sus viejos amigos: la periodista televisiva Gale y el sheriff Riley. Pero la efemérides es aprovechada por otro imitador para iniciar una nueva cadena de asesinatos perpetrados por un viejo conocido: Ghostface.

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