40 años de 'La naranja mecánica'

  • La película más polémica de Stanley Kubrick llegó a las pantallas europeas en enero de 1972 con sus escándalos de ultraviolencia, violaciones, música de Beethoven y una arrolladora estética futurista.

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Hace 50 años que Anthony Burgess escribió la novela y 40 que Stanley Kubrick revolucionó a medio mundo su propuesta de un mundo futuro en el que los adolescentes serían los dominadores y cuya diversión sería la ultraviolencia, el robo y las violaciones. Los espectadores europeos quedaron conmocionados ante las tropelías de Álex, un joven ladronzuelo, y sus drugos, sus compinches, que se entretenían robando coches, participando en batallas campales entre bandas y drogándose con leche a la que le introducían sustancias. Eran los tiempos de La naranja mecánica.

La novela de Anthony Burgess ya había creado cierto revuelo en los años sesenta cuando apareció. Hasta el punto de que fue el mánager de los Rolling Stones, Andrew Loog Oldham, quien compraría sus derechos para una posible película que estaría protagonizada por los miembros del grupo, proyecto que nunca llegaría a fructificar.

Burgess, a quien se le había diagnosticado una enfermedad que le haría morir en breve, se había puesto a escribir como loco para poder dejarle a su mujer algo con lo que poder vivir. Afortunadamente para él, el diagnóstico fue erróneo. Y una de aquellas novelas que publicó y malvendió a un editor norteamericano fue A clockwork orange, inspirada en un hecho personal: en 1944, en Londres, él y su mujer fueron asaltados por cuatro marines norteamericanos que violaron a la esposa delante del escritor. A consecuencia de la paliza que ella sufrió, perdió al bebé que estaba esperando.

Católico ferviente, Burgess quiso ponerse en la piel de los asaltantes y conocer sus motivaciones. Así fue como surgieron en su cabeza Álex y sus drugos, cuatro adolescentes de 15 años que hablaban en un lenguaje futurista, inventado por el mismo escritor, el nadsat, una mezcla de ruso y de inglés shakespeariano, y se dedicaban a la ultraviolencia.

Anthony Burgess quería tratar en su novela sobre el libre albeldrío, la libertad moral del hombre. Tras cometer un asesinato, el joven Álex, que por otro lado, tiene un aspecto sensible y es un apasionado absoluto de la música de Beethoven, es sometido a un tratamiento conductista, el tratamiento Ludovico, que le hará sentir náuseas ante la mera visión de un acto violento. Así pasa de ser verdugo a ser víctima de quienes antes habían sido sus víctimas. Finalmente, Alex intenta suicidarse. Eso obliga al partido en el poder a rectificar ese tratamiento experimental y a devolverlo a su estado salvaje natural.

La novela concluía con un capítulo en el que, tres años después, el joven Álex, ahora con 18 años, se convierte en un adulto y se da cuenta de que el camino de la violencia y la destrucción no lleva a ninguna parte. Ese capítulo, que cerraba la fábula, fue extirpado de la edición americana. Y fue el libro en que se inspiró Stanley Kubrick.

El director rodó la película en Londres con un desconocido Malcolm McDowell como protagonista. Ideó el vestuario de los adolescentes con bombines ingleses, pestañas postizas, pantalones blancos y tirantes y dotó a la película de una estética impresionante. Kubrick quería tratar, ante todo, el tema de la maldad intrínsica en el ser humano. "A mí no me sorprende que haga genocidios, violaciones, exterminios", solía decir. "Lo que me sorprende es que el ser humano sea capaz de componer una sinfonía".

El estreno de la película causó un escándalo mundial porque Kubrick se recreaba en las escenas violentas a cámara lenta y las peleas estaban prácticamente coreografiadas con la música. Curiosamente, no hay ni una sola escena que muestre sangre o vísceras. No es una película visualmente dura que obligue al espectador a apartar los ojos de la pantalla. La violencia está insinuada, sugerida.

Sin embargo, tras su estreno en Gran Bretaña, fue el propio Kubrick el que pidió que se retirase de los cines cuando comenzaron a producirse ataques violentos de adolescentes que se habían inspirado en la película. Hasta el año 2000, La naranja mecánica no volvería a las pantallas. En España se estrenó en 1975 y resultó también una conmoción, pero más que por las escenas violentas, por los desnudos femeninos. Hoy continúa siendo una película de culto. De mucho culto.

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