Crítica de Cine

La clase obrera sin paraíso

En plena celebración del 50 aniversario del Mayo del 68, un año después de su presentación en Cannes (premio Fipresci) y con su Giraldillo de Oro bajo el brazo, llega oportunamente a la cartelera la cinta portuguesa de Pedro Pinho y Terratreme que volvía a poner el foco en la crisis económica y las dificultades de la clase obrera en un formato híbrido y dilatado capaz de integrar los viejos modos del realismo social más políticamente comprometido, el documental testimonial, didáctico y dialéctico, el retrato de los efectos colaterales y, en lo que para muchos era el logro más singular de la película, el mismísimo cine musical.

Ideada y desarrollada como un proyecto colectivo, filmada en las texturas del 16mm, interpretada por un elenco mixto de actores profesionales y trabajadores, La fábrica de nada busca levantar acta de la última gran crisis y sus drásticas consecuencias locales entre un grupo de operarios de una factoría de ascensores lisboeta, núcleo ejemplar desde donde se despliega su tesis sobre el fracaso o el agotamiento del capitalismo, la pervivencia agónica del ideario marxista, los devastadores efectos personales del paro y el despido y la posibilidad, tal vez utópica, de una toma colectiva de los medios de producción y la autogestión que nos recuerda inevitablemente al de aquel espléndido documental de Jordá Numax presenta…

La película levanta acta de la crisis entre los operarios de una factoría de ascensores lisboeta

Hay varias películas dentro de esta Fábrica de nada, y tal vez sea ésa su mayor virtud y también su mayor defecto. Pinho y su equipo intentan conciliarlas todas en un producto netamente autoconsciente, buscando desabrocharse el cinturón del viejo realismo europeo (ese que se desarrolla en el interior de la fábrica, en las tensiones con los representantes de la empresa o la policía, en los roces y recelos entre los trabajadores), jugando en ocasiones al distanciamiento autorreflexivo, tomando aire en el exterior a través del personaje que interpreta José Smith y su vida íntima, personal y familiar, introduciendo agentes externos (una voz en off, la presencia de una suerte de observador, un grupo de debate) que funcionan como contrapunto teórico explícito de las circunstancias concretas.

Con todo, la película brilla en momentos esporádicos sin llegar a tocar la fibra emocional en su conjunto, convence de sus ideas sin demasiado esfuerzo, y alarga la función y la lucha sin que realmente esté del todo justificado. También nos plantea otro interrogante: si los que van (vamos) a ver esta película no serán (seremos) nunca los trabajadores que aparecen en ella.

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