El infierno inacabado

  • Un documental reconstruye los avatares que rodearon la producción de 'L'Enfer', filme de Henri-Georges Clouzot que nunca llegó a completarse

Serge Bromberg y Ruxandra Medréa TF1 / MK2. 95 minutos. 18 euros

A finales de los años 50, Henri-Georges Clouzot (1907-1977), el "Hitchcock francés", era uno de los directores más prestigiosos del cine galo, autor de un puñado de títulos, El cuervo, El salario del miedo, Manon, Quai des Orfèvres, El misterio Picasso, Les espions o Las diabólicas, que compartían un gran éxito popular y el reconocimiento de los por entonces influyentes jóvenes críticos de Cahiers du cinéma, que lo salvaban de la quema del denostado cinéma de qualité junto a contados compañeros de generación como Melville, Becker, Bresson, Clément o Tati.

En 1960, en pleno despegue de la nouvelle vague, Clouzot estrenaba La verité, un thriller judicial protagonizado por la sensual Brigitte Bardot que se convertiría en el gran éxito de la taquilla francesa de ese año y que le iba a dar carta blanca para su siguiente proyecto, un filme sobre el demonio de los celos (masculinos) que iba a tener por título L'Enfer. Tras un largo y minucioso periodo de preparación, Clouzot comenzó a filmar en 1964 el que estaba destinado a ser su filme más ambicioso, la película con la que el cineasta, amante del arte contemporáneo y apasionado seguidor del cine de su tiempo (8 y medio, de Fellini, le había impactado sobremanera), pretendía emparentar con la modernidad a partir de una insólita incorporación de la estética de vanguardia en el seno de una producción eminentemente comercial.

L'Enfer no llegó nunca a ver la luz, truncado por una serie de circunstancias adversas que lo convirtieron en uno de los grandes filmes-fantasma de la historia del cine.

Presentado en Cannes y ganador del César al mejor documental, L'Enfer d'Henri-Georges Clouzot, dirigido por Serge Bromberg y Ruxandra Medréa, reconstruye las circunstancias que rodearon aquel sonado coitus interruptus y, lo que es mejor aún, resucita buena parte del material filmado por Clouzot y su equipo durante las fases de preparación y rodaje del filme. Gracias a la colaboración de la viuda del director, los cineastas recuperaron las 185 latas de película sobrevivientes para descubrir un material asombroso en el que Clouzot tendía un puente entre algunas de sus obsesiones personales (el tema de los celos ya había aparecido en Quai des Orfèvres o La verité) y las audacias formales para visualizar el atormentado y erotizado mundo interior de su protagonista a partir de una serie de experimentos visuales -sobreexposiciones, virados, trabajo con el negativo, juegos ópticos, pruebas de luces y sombras, tratamientos de color, movimientos de cámara insólitos, efectos de maquillaje- para los que contó con un "presupuesto ilimitado", cortesía de Columbia Pictures, co-productora internacional del filme, y con un equipo que integraba a algunos de los mejores técnicos del cine francés de la época.

Descubrimos en estas imágenes, comentadas hoy por algunos viejos colaboradores de Clouzot como Constantin Costa-Gavras o el director de fotografía William Lubtchansky, a una radiante y hermosa Romy Schneider, joven estrella en Francia tras sus días como Sissí Emperatriz, sometida a un sinfín de ensayos y pruebas, caracterizada a la manera psicodélica y expuesta a experimentos ópticos que podrían pasar perfectamente a la pequeña historia del cine de vanguardia. También a un Serge Reggiani (París, bajos fondos) tan tenso e irascible como su personaje, sometido a largas y repetidas sesiones de rodaje que, a la postre, acabaron con su paciencia y con la propia viabilidad del proyecto. Fue su plante, justificado por una extraña enfermedad, el que paralizaría el rodaje y, posiblemente, el principal detonante, junto al insomnio, la tensión acumulada y un evidente bloqueo creativo, del infarto de Clouzot que, esta vez sí de manera definitiva, daría por concluido el proyecto.

Treinta años más tarde, en 1994, Claude Chabrol le dio al filme una segunda oportunidad rodando el guión original de Clouzot en una nueva versión, esta con menos vuelos experimentales, protagonizada por Emmanuelle Béart y François Cluzet, aunque es este documental el que verdaderamente recupera e incluso reconstruye la que pudo haber sido una de las grandes películas europeas de la década de los 60.

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