Hasta que llegó la hora

  • Tras una década de coqueteo y desencuentros, Morricone compondrá la banda sonora del nuevo filme de Tarantino, 'The Hateful 8', su regreso al 'western' después de 40 años.

La suya había sido una historia de amor no correspondido en toda regla. Más de una década de proposiciones honestas y declaraciones públicas de amor, de cartas, guiños, citas y homenajes a falta de contacto y contrato directo.

De por medio hubo hasta rumores y titulares más propios de una pareja consolidada en plena crisis de despecho o de protagonistas de una canción de Pimpinela que de dos enamorados que se reconocen y aprecian el uno al otro en la distancia pero que no han terminado de atreverse a convivir.

Pero este pasado fin de semana, en el seno del Comic-Con que se celebra cada año en San Diego para alborozo de los amantes y friquis del cine y la cultura popular, saltaba la gran noticia en rueda de prensa de boca de uno de sus protagonistas: se anunciaba el "sí quiero", o al menos el que parece el "sí, quiero" definitivo.

El que tal vez sea el mejor compositor de cine de todos los tiempos y el cineasta norteamericano más influyente de las dos últimas décadas, a saber, Ennio Morricone (86 años) y Quentin Tarantino (52), trabajarán por fin juntos, con material musical 100% nuevo y original, en la próxima película del director de Reservoir dogs y Pulp Fiction, el western invernal y de cámara ambientado en la posguerra Civil norteamericana, rodado en UltraPanavision 70mm y protagonizado por Kurt Russell y Samuel L. Jackson The Hateful Eight, cuyo estreno mundial está previsto para las próximas Navidades.

Quedan así atrás viejas promesas de matrimonio aireadas en la prensa e incumplidas in extremis, como aquella que los iba a unir en Malditos bastardos, cuya banda sonora se contentó, como ya había ocurrido en las de Kill Bill o Death Proof, con material de prestado de otras películas de Morricone (The big countdown, Revolver, Allonsanfan, Il mercenario); o aquella otra que, con mucha más filiación de género si cabe, llamaba al encuentro natural en un western como Django encadenado, que, aunque contó con algunos pasajes morriconianos (Dos mulas para una mujer, I Crudelli), finalmente se saldó con el protagonismo musical del tema de Luis Bacalov compuesto para el Django original de 1966 dirigido por Sergio Corbucci.

Quién sabe si utilizando a algunos de sus muchos imitadores (Ortolani, Cipriani, De Angelis), Tarantino no ha estado sino tentando una y otra vez al gran maestro romano para su causa conjunta, sobre todo después de que éste hiciera unas supuestas y polémicas declaraciones en las que afirmaba que el cine de Tarantino le parecía frívolo y superficial en su tratamiento de la violencia y, lo que es si cabe un dardo mejor dirigido a la diana, acusándolo de no saber utilizar la música con coherencia en sus películas, su propia música incluso. Hemos de suponer que la objeción estética del maestro no era tan exigente como para dejar de cobrar los correspondientes royalties.

Pero ahora todo queda perdonado, qué duda cabe, si se confirma esta colaboración que está llamada a pasar a los anales de la historia del cine. Y es que habrá que reconocer que pocos cineastas recientes han realizado a través de su filmografía una labor de homenaje, recuperación y reciclaje del cine popular y de género de todo el mundo como la que ha hecho Tarantino, incluyendo en el proceso posmoderno a la música como parte indispensable de su particular narrativa de reciclaje y mestizaje sin prejuicios ni jerarquías entre lo popular y lo culto, entre la high y la low culture.

Si hemos de creer las declaraciones de Tarantino en San Diego, Morricone se encuentra ya en proceso de escritura de la música, que será grababa a finales de este mismo mes en Praga y contará además con una potente canción original para los títulos de crédito.

Sería también la primera vez que Tarantino utiliza una partitura musical original en sus películas y el primer western que firma Morricone en cuarenta años, después de sus memorables colaboraciones con Sergio Leone (Por un puñado de dólares, El bueno, el feo y el malo, La muerte tenía un precio, Hasta que llegó su hora) y otros directores italianos del spaghetti que lo lanzaron a la fama internacional en los sesenta y setenta del pasado siglo y definieron un nuevo sonido para el género.

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