La rebelión de las máquinas

Astroboy. Animación, Estados Unidos-Japón-Hong Kong, 2009, 83 min. Dirección: David Bowers. Guión: Timothy Harris. Música: John Ottman.

Adaptación de la popular y pionera serie de anime japonés creada por Osamu Tekuza en los años 70, Astroboy nace de una premisa que se nos antoja demasiado trágica y profunda para los tiempos que corren en la animación infantil. A saber, nuestro protagonista es un trasunto frankensteniano del hijo muerto de un científico, robot de forma humana y corazón de energía atómica que, en su antropomorfismo perfecto, suple sus carencias afectivas con unos superpoderes que le ayudarán a librar a este mundo del futuro de las amenazas cibernéticas y de la propia condición maligna del hombre.

Como no está el horno para bollos existencialistas ni metáforas cibernéticas a lo Blade Runner, esta versión de Astroboy pasa rápidamente por encima de las cuestiones filosóficas para centrarse en lo que interesa a la muchachada nacida con un mando de la Play en las manos, que no es otra cosa que el despliegue de la velocidad y el virtuosismo tecnológico, aderezado aquí con un 3D de última hora con el que la película no fue concebida originalmente, al servicio de ese inconfundible humorismo de mensaje familiar como tono para apaciguar una batalla galáctica entre científicos pacifistas, máquinas rebeldes y líderes políticos capaces de cualquier cosa con tal de perpetuarse en el poder.

Con un diseño de personajes y robots de perfil blando, internacional y fácilmente consumible, Astroboy nos depara algunas escenas de frenesí escópico entre detritus de chatarra virtual y mensajes simples sobre la eterna batalla entre el bien y el mal. Si la concepción visual de planeta-basurero es todo un acierto frente al clásico metropolismo de la urbe futurista, no es menos cierto que después de Wall-E resulta tarea casi imposible superar en realismo cualquier mundo apocalíptico que pueda imaginarse.

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