Baudelaire, Bécquer, Cernuda

Son muy notables los estudios que Cernuda dedicó a la literatura española: Cervantes, Valle, Galdós, Altolaguirre, Juan Ramón, los hermanos Quintero, la figura caudal y nebulosa de Rubén Darío. Ahí no es sólo el juicio ponderado y sólido del erudito quien asoma; también un acendrado amor a España, cuya magnitud no se corresponde con la pobre idea de lo español, de su violenta ruina, que tiene el poeta. De igual modo, en las páginas que dedicó a Bécquer encontramos la filiación y el linaje de cierta poesía cernudiana, no tan celebrada ni tan evidente: aquella que encontró su expresión en Ocnos y Variaciones sobre tema mexicano.

En esta glosa bequeriana, Cernuda acomete la breve arqueología de un género, el poema en prosa, cuyo fruto más alto, en la España del XX, quizá se halle en las páginas que él mismo dedicó, desde la bruma escocesa, a la Sevilla de su infancia. Una Sevilla, por otra parte, a la que no se nombra en ningún caso, y cuya ausencia, cuya omisión deliberada, tal vez nos dé un indicio del dolor que acompañó al poeta durante su destierro. Quiere decirse, en cualquier caso, que al establecer la prelación y el origen del poema en prosa, todavía vacilante en Bécquer, Cernuda está estableciendo su propia genealogía literaria. Dicha genealogía, francesa en su totalidad, es la misma que cristaliza en Bécquer de un modo intuitivo; vale decir, como precipitado histórico y no como una influencia expresa. Bécquer, que pudo haber leído el Gaspard de la Nuit de Aloysius Bertrand (aunque es poco probable), no conoció los Pequeños poemas en prosa de Baudelaire y Las iluminaciones de Rimbaud, aparecidas ambas tras su muerte. No obstante lo cual, las graves carencias del verso dieciochesco y la ampulosa retórica del XIX empujaron a Bécquer, según Cernuda, a una poesía más libre, desembarazada de su estricta rigidez normativa, así como a una prosa poética donde la nueva ondulación del siglo encontrara expresión, a un tiempo más ligera y más profunda. ¿Fue esta elasticidad formal la que mueve a Cernuda al adoptar el género del poema en prosa? Si fue así, lo es con el conocimiento teórico, sabiendo sus implicaciones últimas, que en Bécquer no son sino deseos y atisbos de naturaleza exótica o preternatural, consecuencia de sus lecturas, tanto de las leyendas indias, traducidas al francés, como de una posible lectura de Nodier y su Smarra o los demonios de la noche. Así parecen demostrarlo, en diverso grado, algunas de las Leyendas becquerianas, entre las que Cernuda destaca La Creación, El caudillo de las manos rojas, Creed en Dios, La ajorca de oro, El Gnomo y Las hojas secas.

Ochenta años más tarde, sin embargo, la temática del poema en prosa de Cernuda no es ya, como en Bertrand y Bécquer, de naturaleza fantástica o historicista. Siguiendo a Baudelaire, su poesía viene dictada por la oscura pulsación de la urbe y la intimidad humana. Si en Ocnos fue una Sevilla umbría, melancólica, nimbada por el aura opalina y la quietud paradisíaca de la infancia, en Variaciones sobre tema mexicano será un esplendor antiguo, la alegre estatuaria de los cuerpos, una España ultramarina y otra, aquello que el poeta recobre, como ofrenda pagana, al final de sus días. En esa hora crepuscular y grave, "cuando el tiempo nos alcanza".

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