Javier Calvo gana el Biblioteca Breve con 'El jardín colgante'

  • El barcelonés propone en su novela una mirada oscura y alucinada a la Transición, un retrato del pasado que se inspira en la "sensación de apocalipsis" del presente.

El jardín colgante, una novela sobre el pasado de España contemplado desde una perspectiva alucinada y paródica, ambientada en la Barcelona de 1977 pero íntimamente conectada con la "sensación de apocalipsis" del presente, le valió ayer a Javier Calvo el Premio Biblioteca Breve 2012, dotado con 30.000 euros. La editorial Seix Barral, que convoca el el galardón, cumple así con "uno de sus rasgos distintivos" desde los orígenes del mismo -recordó la directora editorial del sello, Elena Ramírez-, el de "descubrir o fijar nuevas voces" en el panorama literario. No es estrictamente ésa la condición de este escritor barcelonés nacido en 1973, autor de los libros de relatos Risas enlatadas y Los ríos perdidos de Londres y de novelas como Mundo maravilloso, El dios reflectante o Corona de flores, aparte de traductor habitual de David Foster Wallace, J.M. Coetzee, Ezra Pound o Chuck Palahniuk; pero sí es cierto que este premio acredita la confianza de Seix Barral en que su singular narrativa pueda encontrar eco entre un público más amplio del que ha venido siguiéndolo con bastante fidelidad en la última década, hasta ahora en el catálogo de Mondadori, excepto la que era su más reciente propuesta hasta la fecha, Suomenlinna, editada por Alpha Decay.

Calvo ha ido fraguando desde sus primeros tanteos un estilo que a estas alturas es ya característico, una estética basada en sus abundantes ecos metaliterarios, atenta a la cultura pop y propensa al juego lúdico e irónico con los géneros populares, desde la fantasía a los relatos criminales, pasando por el misterio y el folletín victoriano. Lo que el escritor propone ahora, en El jardín colgante, es una novela policial y de espionaje, de ciencia ficción y de contenido político a su manera, todo a la vez, junto con una cierta influencia de los recursos del cómic, en una sola obra que se desarrolla en plena Transición, recreada en las páginas de esta novela (que saldrá a la venta el próximo día 21) en una suerte de "versión punk, cenicienta y subterránea".

Calvo, que se declaró orgulloso de haber ganado un premio que en su juventud él divisaba "en el reino de lo legendario", y que incluso bromeó con la posibilidad de probar suerte con el Planeta, explicó que el germen de la novela es el año 2011 en sí mismo, "uno de los más indescriptibles de nuestra vida". "El extraño y fugaz despertar de la conciencia" de muchas personas, dijo en alusión a las movilizaciones y acampadas del 15-M, sobre el que no obstante se mostró (de modo elusivo) bastante escéptico; "las agencias de rating expulsando Gobiernos" y España y el resto de Europa hundiéndose de manera estrepitosa, enumeró el escritor, le provocaron la impresión de que el futuro, "por primera vez, no existía, o se había vuelto borroso". "Esa sensación de que el mundo se había terminado", explicó, es lo que ha intentado capturar su obra, con la que aspira también a denunciar "la mentira institucional que nos rodea todo el rato".

"No me interesaba preguntarme cómo hemos llegado a esto, sino cuándo empezó", comentó Calvo, que acabó enfrentándose a una cuestión que según dice define también su novela: "¿Qué es lo real?". Según el autor, el libro responde a su convencimiento de que vivimos "en un mundo incognoscible". Esto lo plantea en la ficción mediante la historia de Arístides Lao, un agente secreto superdotado y con graves problemas de sociabilidad a quien le asignan la delicada misión de infiltrarse en una organización terrorista de extrema izquierda para acabar con ella. A Lao le acompañará, a modo de patético escudero, el agente Melitón Muria; y los dos formarán una pareja esperpéntica enredada en un confusa red de espionaje y contraespionaje que, además, deberá hacer frente al pánico desatado en las calles ante la inminente caída de un meteorito sobre la península.

En el Museu Marítim de Barcelona, y ante la mirada de numerosos escritores que quisieron unirse a la celebración de Javier Calvo -Rodrigo Fresán, Enrique Vila-Matas, Ricardo Menéndez Salmón, Agustín Fernández Mallo, Gonzalo Torné y Guillermo Busutil, entre muchos otros-, el jurado explicó su decisión. "La labor de los jurados, desde el juicio al señor Camps", bromeó Alicia Giménez Bartlett, "está muy devaluada, pero creo de verdad que hemos hecho un buen trabajo". Ella, José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer, Gonzalo Suárez y la citada Elena Ramírez acordaron premiar El jardín colgante por su "ritmo adictivo", algo que todos coincidieron en destacar especialmente, así como por su "prosa rica" y su "adjetivación brillante", como alabó el jerezano, y sus personajes "magistralmente delineados".

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