Waugh o la felicidad

Cuentos completos. Evelyn Waugh. Trad. Luis Morillo. RBA. Barcelona, 2011. 668 páginas. 32 euros

Hay muchos buenos humoristas en la literatura inglesa, pero Evelyn Waugh se distingue por una mordacidad infrecuente entre los cultivadores del ironismo. Sin dejar de ser refinado, el ingenio de Waugh es siempre, incluso en sus libros más serios, propagandísticos o sentimentales, de una causticidad admirable. Otros autores provocan en el lector, todo lo más, una media sonrisa. La prosa de Waugh, pese a sus maneras exquisitas, no es improbable que lo lleve a la carcajada. Despiadado y cruel, su humor no tiene nada de blanco, pero pocos temperamentos tan atrabiliarios habrán ofrecido a sus fieles tantos momentos de felicidad. En definitiva, “el privilegio de leer a Waugh –como afirma Anthony Lane, el prologuista de estos Cuentos completos, emulando el tono del maestro– sólo es comparable al alivio de no haber tenido que encontrarse cara a cara con semejante ogro”.  

Reunidos póstumamente a finales del siglo pasado e inéditos hasta ahora en castellano, los 39 relatos del volumen se reparten en tres secciones: los Cuentos publicados como tales, una serie de Escritos de juventud y una colección de Relatos de Oxford. Los dos últimos epígrafes recuperan ejercicios de iniciación, no especialmente memorables pero ya característicos de su peculiar estilo, brillante, incisivo, inclemente y desmesurado. En el primero, sin embargo, se recogen varias piezas maestras que podrían pertenecer a cualquiera de las grandes novelas de Waugh, protagonizadas por personajes, como él mismo, muy poco ejemplares, verdaderos antihéroes que incluso si albergan nobles ideales se ven incapacitados para llevarlos a la práctica. Los críticos han elucubrado a propósito del esnobismo de Waugh, de su militancia católica o de su progresivo fervor por las causas más reaccionarias: nada especialmente relevante frente a su condición de artista genuino.

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