Los encantos de la delincuencia

  • 'Diez minutos antes de la medianoche'. Enrique Jardiel Poncela. Epílogo de Fernando Valls. Rey Lear. Madrid, 2012. 72 páginas. 9,80 euros.

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Escéptico, refinado, luminoso, el pequeño Jardiel fue uno de los grandes del humor en este país que siempre ha mostrado predilección por el chascarrillo zafio y la caricatura de brocha gorda. Más allá de su condición de renovador de la escena española o de su reconocido papel como precursor del absurdo, son sus libros, frescos, chispeantes, llenos de gracia e ironía, los que le garantizan la pervivencia como clásico de ese género no menor en el que una parte de su generación -los Mihura, Neville y compañía- brilló a gran altura.

Publicada en 1939, esta "Novela para muchachas y para hombres tímidos" no es en realidad una novela, sino una pieza teatral que acabaría convirtiéndose en el prólogo a Los ladrones somos gente honrada, una de las comedias más exitosas de Jardiel desde su estreno en abril del 41. El texto conoció varias ediciones y distintos títulos, como relato o guión radiofónico, pero la versión recuperada por Rey Lear sigue la que apareció en la colección Los Novelistas en la fecha indicada, a la que los editores han añadido un sustancioso epílogo de Fernando Valls donde el profesor y crítico -coautor junto a David Roas de una biografía de Jardiel- relaciona la obra con otros escritos referidos al mundo del hampa y en particular al tipo del "delincuente honrado", que fascinaba al autor, como Consejos para ser un buen ladrón o el malogrado Los encantos de la delincuencia, donde intentó adaptar este mismo relato a la escena.

Mezcla sutilísima de intriga policiaca, enredo sentimental y alta comedia, Diez minutos antes de la medianoche relata el encuentro entre Miguel el Melancólico, líder de una banda de ladrones de guante blanco, y la bella Herminia, una joven fantasiosa de imaginación desatada. El inicio antológico en forma de larga acotación narrativa, los ingeniosos diálogos, el veloz sentido del ritmo, la atmósfera tardomodernista, el final sorprendente, todo en esta pieza deliciosa -ingenua y a la vez paródica- señala a un gran escritor en estado de gracia.

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