La epopeya del espartaquismo

  • 'Burgueses y soldados'. Alfred Döblin. Trad. Carlos Fortea. Edhasa. Barcelona, 2011. 512 páginas. 32,50 euros.

Autor de la celebrada Berlin Alexanderplatz (1929), una cumbre de la narrativa europea de entreguerras, Alfred Döblin (1878-1957) fue uno de los grandes escritores alemanes de la primera mitad del siglo XX. Nacido en el seno de una familia de judíos polacos, Döblin ejerció la medicina, abrazó la causa socialista y acabaría convirtiéndose al catolicismo, pero antes había sido uno de los más destacados representantes de la vanguardia expresionista y se diría que nunca encontró su lugar en el mundo. Huyó de Alemania tras el incendio del Reichstag, tomó la nacionalidad francesa y probó fortuna en los Estados Unidos, pero no encajó en Hollywood y después de la guerra volvió a Europa, donde llevó una vida desmedrada e itinerante: "Aquel médico del seguro del Berlín oriental -como lo evoca Günter Grass- admitía que no pertenecía a la nación alemana ni a la judía; su nación eran los niños y los locos".

Vetado por los nazis, su monumental ciclo sobre la frustrada revolución espartaquista, titulado Noviembre de 1918, consta de tres partes: Burgueses y soldados, una segunda entrega formada por El pueblo traicionado y El regreso de las tropas del frente, y la novela que cierra la trilogía, Karl y Rosa. No exento de rasgos épicos, pero atendiendo al modo como las tragedias históricas afectan a los individuos anónimos, este primer volumen describe el fin de la Gran Guerra y el colapso de la monarquía imperial, entre las tensiones provocadas por la derrota y repliegue de los alemanes, el asalto al poder de los revolucionarios y la inquietud del resto de Europa ante un posible triunfo del bolchevismo. El armisticio ha dictado la entrega a Francia de Alsacia y en Estrasburgo se desata el caos, admirablemente descrito por Döblin en una obra de pretensiones realistas pero al mismo tiempo muy moderna, que apuesta por el simultaneísmo, las técnicas cinematográficas y la narración coral para dejarnos un fresco formidable donde se reflejan a la perfección el desorden y la incertidumbre de la inmediata posguerra.

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