El héroe tranquilo

  • Espuela de Plata recupera 'La defensa de Madrid' y 'Crónicas de la guerra civil', la mirada de Chaves Nogales sobre la contienda.

La defensa de Madrid. Manuel Chaves Nogales. Prólogo Antonio Muñoz Molina. Espuela de Plata. Sevilla. 2011. 216 páginas. 20 euros.

En La defensa de Madrid se recogen los artículos, desconocidos hasta ahora, que el periodista Manuel Chaves Nogales escribió sobre el asedio a la capital de España, a partir de noviembre del 36, tras la apresurada marcha a Valencia del gobierno de Largo Caballero. Son artículos de admirable ecuanimidad, donde a la urgencia natural del periodista se añaden la compasión y el decoro que distinguieron al escritor sevillano, hoy felizmente recuperado. Ese mismo carácter ponderado y ecuánime es el que Muñoz Molina destaca en su prólogo, subrayando, de paso, la indudable calidad literaria y el valor testimonial que se encierra en estas páginas de Chaves Nogales. Páginas, por otra parte, cuya publicación se debe, en última instancia, a la pericia investigadora de María Isabel Cintas, que sorteó con éxito los numerosos obstáculos que velaban la fantasmal existencia de este relato, a un tiempo heroico, aterrador y deleznable.

Una primera lectura de La defensa de Madrid (titulada en su día Los secretos de la defensa de Madrid, cuando aparece por entregas en la revista mexicana Sucesos para todos), nos lleva a destacar la admirable figura del general Miaja y su ayudante más inmediato, el teniente coronel Vicente Rojo. Son ellos, y sólo ellos, según el relato de Chaves, quienes articulan una defensa eficaz de la capital, tras la precipitada marcha del gobierno republicano hacia el Levante. En apenas unas horas, Miaja y Rojo improvisan un plan que detiene, contra todo pronóstico, el avance triunfal de las tropas rebeldes, mucho mejor preparadas y pertrechadas que el azaroso ejército de milicianos que defendía Madrid en aquel otoño del 36. No obstante, y con ser formidable esta amenaza, los principales problemas de Miaja son la falta de vituallas y de intendencia, la insidiosa enemistad de Largo Caballero y la abierta insubordinación de anarquistas y comunistas, que pretendían hacer la guerra por su cuenta, despreciando la cadena de mando, la estrategia militar y el orden republicano. Así, el mayor logro de José Miaja, puesta aparte la milagrosa resistencia de Madrid contra un ejército muy superior, fue éste de convertir a las diversas facciones de milicianos en una tropa disciplinada bajo su mando. A lo cual se añade el firme restablecimiento de la ley, acabando con los crímenes políticos y las sacas nocturnas que campeaban miserablemente por Madrid desde el comienzo de la guerra.

Todo esto lo cuenta Chaves Nogales (el terror, la arbitrariedad, el heroísmo, los bombardeos, el hambre...), con una sincera admiración por la figura impar del general Miaja y la sabia eficacia de Vicente Rojo, así como una abierta antipatía por fascistas, comunistas y anarquistas, que querían imponer "esa nueva barbarie del Estado totalitario" sobre el cadáver de España. Al periodista Chaves Nogales, republicano y liberal, no podía pasársele por alto la significación de una contienda que desbordó, con mucho, el ámbito doméstico de un país europeo. Quiere decirse que en La defensa de Madrid, tras la justa vindicación del pueblo madrileño y sus providenciales defensores, lo que se oculta es una denuncia, un esbozo, una advertencia sobre el futuro de Europa. La guerra de España es la primera de las guerras totales, de fuerte componente técnico, que asolarán el mundo. Los planes incautados a los rebeldes, que aquí figuran como anexo al capítulo V, dan una idea de la eficacia de la tropa alzada, de la desigualdad entre combatientes, en esos primeros momentos del conflicto. Bloch justificaba la extraña derrota de Francia frente al Reich como la confrontación de un ejército antiguo y numeroso, el francés, anclado en la victoria del 14, frente a la letal flexibilidad que proporcionaban las armas modernas del III Reich: el avión y el carro de combate. De igual modo, la guerra de la Independencia que ahora se conmemora, no empezó a ganarse hasta que se dio orden e instrucción a un ejército de guerrilleros y cabecillas agrestes. Ése es, en cierto modo, el retrato del Madrid asediado que nos proporciona Chaves Nogales. Un Madrid de cabecillas insurrectos y militares exánimes que se enfrentaron, con éxito duradero, a la vasta maquinaria rebelde, que inauguraba la técnica del bombardeo masivo, el terror de las ciudades inermes y el estrepitoso avance de las divisiones acorazadas. Sobre ese lienzo tinto en sangre, Chaves Nogales ensaya una explicación de la tragedia española. Una tragedia que fue la suya y aún es, en cierto modo, la nuestra.

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