Agotar los récords o agotar el fútbol

  • La baja forma de Messi, la erradicación de la excelencia o el déficit defensivo ponen a Martino y a Ancelotti en el foco del debate permanente Los números y los grandes, siempre de la mano

Era una carrera que no tenía sentido, que tarde o temprano iba a tener que parar. Los récords que en las recientes etapas de Guardiola, Vilanova y hasta de Mourinho en el Madrid fueron cayendo tenían que tener un punto en el que tendrían que detenerse. Goles, puntos, victorias consecutivas, jornadas sin perder, sin encajar un gol... todo tendría que llegar a un momento en el que ya no daría para más. Por pura lógica y por los propios límites del ser humano, Messi incluido.

Puede que sea casualidad, pero la depresión futbolística que sufre el argentino ha puesto a todo el mundo a debatir sobre las aptitudes reales del nuevo entrenador del Barcelona. El caso es que tanto Gerardo Martino como Carlo Ancelotti, técnicos de dos colosos, pero técnicos neófitos en una Liga tan sui géneriscomo la española, tratan de regatear las críticas que le dedican los medios de todo el país. El Tata no hace jugar a Messi (lo que para cualquier mortal habría de ser lo más fácil del mundo) y el Madrid con el italiano es un equipo tan vulnerable que permite que el colista de la Liga le genere ¡23 ocasiones de gol!

Independientemente de que sobre estos dos equipos se abra un debate de cualquier matiz, ya sea numérico o futbolístico, cierto es que las propias cifras advierten que algo está pasando. Messi lleva menos de la mitad de goles que había firmado la pasada campaña a estas alturas de temporada (17 tras aquella duodécima jornada y 8 tras la de ahora) y se le ve cabizbajo en el campo y hasta fuera de forma. "Se está reservando para el Mundial", ha llegado a decir un compañero de vestuario, Mascherano. De todas formas, la supuesta depresión de Leo no significa que tenga que ser extrapolable al Barça, que sólo ha cedido un empate -ante Osasuna- y lo sigue ganando todo. Los incorformistas le afean a Martino que esté acabando con la excelencia del juego que tantas veces puso boca abajo el Camp Nou, aunque hay quien dice que lo que de verdad no soporta cierto sector entendido de la afición culé es su criterio para rotar a las estrellas del Barcelona. Aunque entre tanto cambio aparezca un Alexis en estado de gracia, más que Neymar incluso.

En el Real Madrid, un equipo preñado en su día y que sigue hecho para el contragolpe, el caballo de batalla es la inconsistencia defensiva. En el fondo de las críticas a Ancelotti (en gran parte) está un hecho que algunos no le perdonan: la suplencia de Iker Casillas, una osadía que parecía cosa de un loco resentido como Mourinho, pero que ha encontrado a otro técnico que piensa igual. Y esas estadísticas dicen -aparte de sumar seis puntos menos que su gran rival, el Barcelona- que el Real Madrid ha encajado 16 goles, el doble más que en el arranque liguero de la pasada campaña, que tampoco fue precisamente bueno. Este aspecto se ha erigido en el principal foco de preocupación en el seno del madridismo. Los goles encajados desde 2010 se han disparado: 6, 8, 9 y 12 en la primera docena de partidos ligueros.

Martino y Ancelotti, aparte de analizar a sus rivales, han de estudiar la fórmula idónea para entender primero y convencer después a las siempre exigentes prensas de Madrid y Cataluña. Todo lo demás, si no es otro récord, es bla, bla, bla...

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