Baptista se trajo la alegría (3-0)

  • El Málaga, con dos goles del brasileño el día de su regreso y uno de Sebastián Fernández, pone en pie a La Rosaleda. Los de Pellegrini se acostaron fuera de descenso tras 12 jornadas seguidas en él.

Hablar de la influencia de un único jugador en un equipo puede resultar imprudente. Incluso es arriesgarse, aunque no se pretenda, a ser algo irrespetuoso con el resto. Pero nadie puede negar que hay futbolistas que están marcados por algo, ya sea tangible o no, que les hace diferentes. En el Málaga hay algunos prototipos y uno que hace tiempo que es realidad. Es Julio Baptista, quien ayer volvió adelantando una semana su recuperación y levantó de sus asientos a La Rosaleda. Y con él lo hizo la alegría, que tanto se echaba de menos. Como si se la hubiera traído de su retiro en Brasil.

Dicho todo esto, la importancia de los discursos cobró su sentido. El brasileño, que se expresa con la misma libertad fuera que en el terreno de juego, era el único que se había atrevido a diagnosticar con total claridad los males que venía sufriendo el Málaga. Cuestión de liderazgo, el mismo que a la conclusión del encuentro utilizó para achacar el mérito a la mentalidad y dedicar la victoria a todos sus compañeros.

Esta mentalidad, convertida en concentración que recuerda a la puesta en choques como el de Mestalla o en el de la igualada al Getafe, se escenificaba en meras intermitencias. No fue así ante un Mallorca que saltó a intentar cambiar golpes al principio, hizo por reaccionar tras encajar el primer gol, pero después supo por anticipado que enfrente tenía a alguien que puso lo que se le había reclamado las dos jornadas anteriores.

Rondón asegura que se siente cómodo con los cuatro acompañantes que ha tenido en el ataque esta temporada: Sebastián Fernández, Juanmi, Quincy y Baptista. Pero le brillan los ojos cuando se refiere al brasileño. "Es una bestia. Impone a los defensas y nadie le gana en un salto", dice. Esta influencia, reconocida por sus propios compañeros, derivó en una perdida de un corsé que apretaba más que un yugo a una mula. Todos parecían más alegres, más dinámicos y menos ansiosos.

No sería lo más noble reducirlo todo a la figura de Baptista. Pero es como si él solo hubiera engullido toda la presión. Como si a su lado hubieran crecido todos. Coralmente brilló el equipo, lo que es el objetivo final. Individualmente también sobresalieron casi todos. Sin embargo, quizás dio la impresión de estar más flojo Duda. Posiblemente sólo fuera eso, una impresión. Si no no se entiende que, aun así, el luso fuera protagonista directo en dos goles. Él abrió el juego hacia Rondón en el primero, que certificaría Sebastián Fernández, y puso con su precisión habitual el balón en la cabeza de Baptista para el tercero. Simplemente, la cara de pavor de Aouate cada vez que había un balón parado -el Málaga gozó de 15 saques de esquina- explica su poder.

Exceptuando el tira y afloja inicial, tras el primer gol fue el único momento en que el Mallorca apareció un poco. Sin embargo, su pequeña reacción murió plácidamente en las manos de Caballero. Con fe se buscó el segundo y el tercero. Y se hallaron. Tras éste se marchó Baptista y todos supieron ya que el partido estaba resuelto. El Mallorca también. Quedaba por ver si el Málaga sería capaz de cerrarlo del todo y no complicarse la vida. Lo hizo. Pese a pequeños lapsus que evitan que hubiera sido un final completamente inmaculado, no se complicó la vida. Usó la cabeza, jugó fácil y siguió haciendo suyo el balón.

Ahora sólo falta que esto sea una constante. Es la única receta que te asegura abandonar definitivamente la zona de sufrimiento. Ayer se acostaron fuera del descenso, donde llevaban 12 jornadas seguidas. Hoy es otro día, pero que siga la alegría.

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