Carnaval en el Alpe d'Huez

El Alpe d'Huez es uno de los símbolos del Tour, un puerto que no es el más duro, pero sí el más famoso y ambientado. Cerca de 400.000 personas invadieron ayer sus cunetas y laderas a través de sus 21 curvas para vivir una jornada especial de ciclismo que se viste de carnaval.

Desde Bourg D'Oisans, el pueblo que antecede a los 13,8 kilómetros de ascenso hasta la cima ya se observaba una interminable romería de aficionados a pie y en bici que se juntaba con la marabunta ya instalada en el puerto desde la primera curva, muchos apostados en su furgoneta o tienda de campaña desde días antes.

En la subida, un pequeño espacio vale oro. Un mundo de todas las edades: veteranos y noveles, niños, abuelas... todos esperando para ver apenas unos segundos el paso de la comitiva ciclista. El carnaval alpino no cesa en ningún momento: música, barbacoas, karaoke, baile y mucha cerveza entre banderas y pancartas de todos los países, así como de ciclistas, clubes de fútbol...

Y cada uno destaca a su manera. No es extraño encontrarse un astronauta, un payaso, a cualquier político del mundo saludando a la multitud. Todo un concurso de disfraces. Algunos no desaprovechan las altas temperatura para tomar el sol, sin tener reparo alguno en mostrar al personal más de lo habitual.

La curva 7 es el centro neurálgico de la fiesta. Allí se concentra buena parte de la marea naranja holandesa, siempre en mayoría, pero no solo en número, sino en nivel de ruido. Cerveza en mano, colapsan el tráfico previo a la carrera. Los oranjes cantan y bailan entre el humo de la barbacoa, invitan incluso a un trago a través de la ventanilla del coche. Ninguno se queja de pasar sed. También se dejan notar los daneses y noruegos. Los nórdicos dejan su sello. Muchas pelucas de colores, coreografías. No es que destaquen los ciclistas de ambos países, pero se lo pasan como nadie.

En los últimos año han proliferado los colombianos que siguen con pasión a Nairo Quintana. El carnaval se altera cuando el asfalto se convierte en un campo de batalla. Pasa el pelotón, se desata la locura, llegan las exhibiciones en directo, las que salen por la tele. Son los momentos más cotizados. Mayor escaparate imposible.

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