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Fútbol l Liga de Campeones

Cumple y pierde a Messi

  • La lesión del argentino ensombrece un partido que sentenció Xavi en sus inicios

Convertido en un trámite gracias al resultado de la ida (2-3), el Barcelona despachó el partido de vuelta de los octavos de final frente al Celtic con una facilidad impropia de la jerarquía del torneo, en un encuentro eclipsado por la lesión muscular de Leo Messi a la media hora de juego.

Aunque la tarde anunciaba fiesta y goleada, la hinchada azulgrana cerró la noche con un regusto amargo. Un gol solitario, poco fútbol y, sobre todo, Messi lesionado: triste bagaje de una noche europea en la que la clasificación para los cuartos de final se daba por contada.

Ayudó a dibujar un ecosistema tan desapacible el Celtic, un equipo coloreado por la fanfarria de sus seguidores, pero no por el don del buen fútbol. En el Camp Nou fue un equipo plano, paquidérmico con la pelota, más cercano al fútbol metalúrgico que al glamour de la Champions.

Obligado por las circunstancias, el Celtic dimitió demasiado pronto. El partido se abrió en el tercer minuto, cuando Xavi culminó una excelente combinación de Ronaldinho y Sylvinho por la banda izquierda. Xavi mezcló entre líneas, merodeó por el área y remató a gol como si de un nueve se tratase. Una excelente muestra de la circulación de balón, culminada por el de Tarrasa, especialista en decantar partidos con sus paseos por el área rival.

El gol también premió el esfuerzo de Sylvinho, un proletario en un vestuario de aristócratas. El brasileño suele ofrecer un rendimiento por encima de lo que explican las crónicas y mezcla con Ronaldinho como ningún otro lateral de la plantilla. El equipo de Rijkaard disfrutó, pero no exigió realmente a Boruc. Se instaló cómodamente en el campo contrario, donde desplegó un rondo de varios metros cuadrados, más estético que práctico.

El público se frotaba las manos en previsión de una lluvia de goles, pero el partido se nubló en un chispazo. Ocurrió que Messi se frenó en seco en el centro del campo. Se llevó las manos a la cabeza, consciente de que una vez más, se había roto. Salió del campo entre lágrimas, animado por todos sus compañeros, y el partido se terminó. La lesión de Messi, el único 'fantástico' con un rendimiento aceptable y sostenido a lo largo de la temporada, enturbió al Barcelona y dejó el partido en suspenso, convertido en un trámite desapacible para ambos.

Con poco que celebrar en el segundo acto, el Barcelona ofreció un partido espeso y apático. Tramitado el pase a cuartos, el equipo se olvidó del juego y Rijkaard de Bojan. Era la última oportunidad para que el canterano se convirtiese en el goleador más joven de la Liga de Campeones y el único aliciente del partido, pero el técnico obvió al joven delantero agotando los cambios.

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