Defender con el balón

POR principios, prefiero que el balón esté siempre en poder de mi equipo. Además de atacar, con él también nos podemos defender indirectamente, consumiendo menos energía física y psicológica que haciendo marcajes activos, cargas, entradas y persecuciones corriendo detrás de él. Del mismo modo que, si mi equipo tiene la pelota, impedimos la iniciativa del contrario o, lo que es lo mismo, anulamos su posible amenaza y por tanto adquirimos nuestra seguridad.

Pero, efectivamente, estamos hablando de potencias, posibilidades que podemos no saber gestionar. Porque defender con balón requiere una determinada técnica; también se necesitan cualidades específicas, distintas y, sobre todo, mucho conocimiento táctico. Por eso, no me cansaré de repetir que no es correcto hablar de buena técnica si sólo pensamos en la habilidad de los jugadores atacantes, por lo que debemos distinguir que hay una técnica individual (control, habilidad, destreza, regate, conducción…); también existe una técnica colectiva menos apreciada (pase, finta, relevo, acciones combinadas); y una técnica defensiva poco valorada (despeje, interceptación, carga, entrada, pressing…).

En un partido de élite, llegan a producirse de 250 a 300 disputas hombre a hombre, enfrentamientos individuales entre dos adversarios de ambos equipos contendientes. Esta estadística nos debiera indicar el camino para mejorar muy específicamente tanto la manera de entrenar como la de orientar el juego en los partidos. Por ejemplo, hay quien para marcar necesita estar pegado al contrario, forcejeando con él hasta olvidarse incluso del balón. No son nadie si no tienen esa percha de la que colgarse. Viven cómodos con la disputa y juegan al fútbol igual que podían haber sido luchadores de sumo. Curiosamente, lo peor que les puede ocurrir a ese tipo de defensores es que el delantero se la esconda (la pelota). Porque en esas circunstancias, el defensor comienza a empujar el cuerpo del poseedor sin objetivo claro que perseguir, forcejea por forcejear, no conocen lo que significa la orientación de los marcajes; pero lo fundamental es que pierden de vista el balón. Craso error. Y de esa manera se descentran con el cimbreo del cuerpo del contrario que ejecuta fintas engañosas.

Definitivamente, los malos defensores se olvidan de que el mayor tesoro del partido es el balón. Los marcadores eficaces tienen que dejar un espacio de seguridad de medio metro o de un metro, como máximo, respecto a su oponente. Distancia necesaria para anticiparse por un costado o por otro, para no tropezar con el contrario que protege el balón, para no perder éste de vista. Ese espacio de seguridad es vital. Otras veces, será necesario amagar la entrada antes de entrar al poseedor del balón, intimidar sin hacer faltas, provocar el fallo o temporizar hasta que llegan las coberturas de otros compañeros. Del mismo modo que el marcaje colectivo, la zona, el escalonamiento, las coberturas coordinadas, etc., necesitan de fundamentos básicos y de talento defensivo.

Una vez más, cuando vean un partido fíjense bien en ello, los buenos defensores no chocan, no hacen faltas en zonas peligrosas, no interrumpen el juego despejando a tontas y a locas; el espíritu debe ser siempre la recuperación de la pelota. Ésa es la diferencia esencial, los buenos jugadores se fijan en el balón y los malos en el contrario. La seguridad de tener el balón te permite la amenaza al equipo contrario y libera la tuya. Te permite establecer los ritmos y velocidad del juego, además de la plena iniciativa. En el fútbol integral, globalizado, el partido no se puede dividir en capítulos, en fases, en partes que se descomponen y se forman aisladamente, no se pueden trocear las intenciones. De hecho, cuando estamos defendiendo ya debemos imaginar cómo será el próximo ataque tan pronto recupere la pelota; y, a su vez, cuando atacamos ya debe estar planificado el siguiente proceso defensivo con un sistema de posicionamientos, vigilancias y, por qué no, intuyendo las intenciones del contrario. Tratando el partido de manera global. Porque el balón marca las rutas y las intenciones de unos y otros. Ahora bien, lo potencial es equivalente a virtudes posibles. No son garantía de nada si no se saben gestionar esas atribuciones.

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