La zurda de Duda decide un triunfo muy sufrido y con polémica

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Hizo un esfuerzo muy fuerte el Málaga este verano por recuperar a Duda, quien tenía decidido que la felicidad la encontraba en la Costa del Sol y no en Sevilla. Incluso con un único entrenamiento con el equipo ya lucía galones de titular en el debut liguero ante el Atlético de Madrid. Circunstancias así, más con un técnico como Juan Ramón Muñiz, obsesivo con esa compleja tarea de ser justo en la dirección de un grupo, denotan que no es un jugador cualquiera. Y ayer lo demostró desenfundando esa exquisita zurda que posee para generar los dos goles del Málaga que tumban a un Espanyol que se vuelve a Barcelona con la sensación de haber dejado escapar tres puntos.

No es la primera ocasión, ni será la última, en la que el portugués se convierte en el factor determinante de este equipo. Pero la de ayer tiene un mérito añadido, pues el Málaga lucía inferior al Espanyol, quien, sobre todo en la segunda mitad, mandó. "Es increíble que se te escape un partido así", se lamentaba Pochettino en la conferencia de prensa.

La Rosaleda ha dejado de ser el fortín de temporadas anteriores donde el conjunto blanquiazul cimentaba la consecución de sus objetivos. Ahora le cuesta un mundo sacar sus encuentros en casa. Da igual la propuesta rival, si como el Deportivo te pone el cerrojazo o como el Espanyol te va a buscar las entrañas. Hasta que a un portugués, tan tímido que aparenta ser agrio, le da por destapar el tarro de sus esencias.

Pronto se dejó ver que la dinámica malaguista ha cambiado. Casi sin tiempo para discernir las intenciones de ambos, la precisa zurda de Duda ponía una balón perfecto a Fernando para dejar el partido como gusta a este equipo: el rival se ve obligado a llevar la iniciativa.

No rehusó a ello el once perico, aunque la seguridad atrás del Málaga le frenaba sus acometidas. A base de insistir, los de Muñiz dieron ese paso atrás que tanto preocupa al malaguismo, que se pregunta qué fue antes, si el huevo o la gallina. Traducido, si el equipo se deja impresionar o es que es el contrario quien acaba metiéndole atrás.

Sin que este dominio fuera tan descarado llegó uno de esos varapalos que dejan huella. Empató el Espanyol en el último minuto de la primera mitad. Con la misma medicina que el Málaga, a balón parado. El palo pudo ser mayor nada más iniciarse la segunda mitad si el colegiado estima que Iván Alonso le había encontrado las cosquillas a Munúa en un mano a mano dentro del área nada más reanudarse el choque.

González González únicamente ratificaba su errática labor, dejando a disgusto a todos y haciendo que hasta Muñiz perdiera la paciencia en la prolongación y fuera expulsado. Había perdido el control de un partido que se tornó en duro al final.

Antes de estos últimos sucesos, el Espanyol trenzó el juego que había alabado Muñiz en la previa. Callejón se convirtió en una verdadera pesadilla y Luis García en un amigo, marrando una ocasión cuando estaba solo frente a Munúa en el área chica.

No sólo utilizó el balón el conjunto barcelonés, sino que se empleó bien con los codos, con la anuencia de un colegiado perdido que desesperó a todos.

A falta de media hora Muñiz ya había agotado los cambios. La problemática que estaba causando el Espanyol requería soluciones. Una decisión arriesgada y valiente que dio sus frutos, porque el equipo se juntó más, pese a dejar sin recambios a una posible lesión o expulsión, como se produjo casi al final con Jesús Gámez.

Estaba claro que la única manera que tenía el Málaga de volver a marcar era en una jugada de estrategia. Y así fue, en un córner botado por Duda en el que Obinna alojó el balón en la red tras los toques de Weligton y Manu.

Este 2-1 empata el average particular, algo que hay que mirar con los rivales directos y pone el descenso a siete puntos de un Málaga que, cuando el juego no acompaña como en Santander, sabe vivir del mejor de sus dones, el laboratorio que desarrolla la zurda de Duda.

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