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Fuego en el Carpena (78-73)

  • El Unicaja remonta en el último cuarto a un Bilbao muy necesitado para continuar la senda del triunfo. El partido fue jugado a cara de perro y emergió el bloque para sellar la Copa.

El hábito de ganar se ha instalado en el Unicaja. Lo ha creado. Esa costumbre suele ser el preámbulo de logros superiores. Germina en el Carpena algo serio y los fieles lo han detectado. Un equipo que conecta, contagia. Apetece venir a verlo. El Palacio se enardeció como no se recordaba en un partido cualquiera de temporada regular. Derrotó a un Bilbao que se jugaba muchísimo (78-73), su posible acceso a la Copa queda ahora sin margen para perder más. Y el Unicaja ganó porque quiere siempre, porque le duele perder. La presencia en la Copa era virtual, pero ya es matemática. Falta ser cabeza de serie para rematar la faena.

El Carpena desprende fuego, electricidad. Había 9.000, no se llenó, pero en el final del partido fueron determinantes para levantar al equipo y virar a favor un arbitraje de loquinario que a nadie dejó satisfecho. Aquí ha costado sudor ganar en la última década. Y aquí, ahora, es complicado vencer. Lo será más cuanto más se gane, porque la confianza del Unicaja crece exponencialmente con triunfos así. A falta de cuatro minutos se perdía por cuatro tras un triple asesino de Raúl López (60-64). Y ganó por siete en un tramo final en el que elevó el nivel defensivo, con Garbajosa en plan mariscal en aro propio. 

El partido se calentó bien pronto. Se avecinan duelos entre los dos equipos, quizá es una forma de marcar el territorio. Las chispa la encendió Axel Hervelle, guerrero o pendenciero, según con el cristal con que se mire. Le hizo una dura falta a Freeland y se regodeó dejándole sujeto. El inglés respondió indebidamente, le empujó y se ganó una antideportiva. Y el encuentro entró en combustión. Valió para que el público se concienciara de que el encuentro tenía tomate. Hervelle falló los dos tiros libres, así que casi se dio por bien empleado el castigo. 

El match se jugaba a bajo tanteo (16-14 en el primer cuarto), algo extraño vistos los promedios anotadores de los dos equipos. Pero se entendía por la trascendencia del duelo para los bilbaínos, aferrados a sus opciones coperas. Hacía daño al principio con Fischer, en el poste alto y con el rebote, pero el Unicaja encontró antídoto con Zoric, al que le van los partidos de sangre caliente. Se siente bien en el juego que proponía Hervelle.

Navegaba el partido en esas aguas procelosas, mucha batalla y cierto atasco ofensivo del Unicaja, que veía al Gescrap tirar del marcador (19-26). Raúl López regaló una asistencia sublime a Mavroeidis, por debajo de las piernas de Sinanovic, al estilo de las que reparte ahora en la NBA Ricky Rubio. Los dos salieron de la misma factoría. Raúl rompió el molde, pero las rodillas no le aguantaron. Sigue dejando gotas de su inmenso talento, aunque el sheriff sea Jackson. También se vio que Sinanovic sigue con la confianza perdida en los cinco minutos que apareció, con manos blandas y dudas en la cabeza. El aplazamiento de su renovación debería tranquilizarle. Y Mateo confía en él.

Era Vasileiadis quien generaba más peligro. En su madurez, el griego ha ampliado su catálogo de juego, no es sólo un gran tirador. Genera ventajas, penetra. En la segunda parte, afortunadamente para el Unicaja, no le entrarían los tiros. Banic y Hervelle barrían lo que quedaba suelto. El atasco lo deshizo el Unicaja con Mark Payne, quién lo diría. El norteamericano gana cada día más peso en el equipo. Es capaz de producir ventajas constante tras bote por su potencia y en el poste bajo ganar a sus rivales por peso y calidad. Despertó al Unicaja, le reactivó. Con la inestimable ayuda de Freeland, con los cables ya en su sitio tras el paso por el banquillo. Aunque Hervelle dejaba su puyita en cada choque. Punto a punto, el Unicaja se metía en partido al descanso (37-38), con perspectivas de duelo equilibrado hasta el final. 

El partido devino en un duelo con la tensión y la intensidad de un play off. O de un Top 16 o de la Copa que se avecinan. Cada canasta valía, cada defensa costaba horrores superarla. De nuevo, pocos puntos en las dos canastas, con Zoric esta vez al frente del Unicaja. Su pareja con Freeland resulta demoledora, aunque en los finales de partido Garbajosa es el que juega porque su experiencia resulta valiosísima para Mateo. Da clínics defensivos a discreción. Se iba por cinco el Gescrap, respondía la conexión croata. Qué partido de Zoric, tremendo para anotar la canasta que cerraba el tercer cuarto en un mate en contraataque en el que por poco se come el tablero (51-50).

En ese juego de tensión, el Unicaja supo manejarse en el último cuarto, como hiciera en Sevilla. La ansiedad de Cajasol y Bilbao se unió con el muro de hormigón del Unicaja, que nunca se va de los partidos. Ni aunque le piten una técnica ridícula a Luka Zoric por alentar al público tras señalársele una más ridícula aún personal tras un robo diáfano. 

Raúl López regó de magia el parqué (60-64), pero a su triple le respondió Fitch, porque en este Unicaja siempre aparecía alguien. Capital la aparición del de Columbus. A Garbajosa se le salió un triple matador, otro a Vasileiadis para comprimir. Pero ahí estaba Freeland, el buque insignia, para ponerle las banderillas a un partido eléctrico que el Carpena saboréo como si valiera oro. Cada uno le da la importancia que crea. El Palacio ayer se la dió. Síntoma de que valora lo que hace este equipo. El fuego se aviva en el Carpena.

Ficha técnica:

78 - Unicaja (16+21+14+27): Rowland (6), B. Rodríguez (2), Fitch (12),  Luka Zoric (19) y Freeland (18) -cinco inicial-, también jugaron Garbajosa (6), Valters (4), Payne (7), Sinanovic (-), Peric (4).

73 - Gescrap Bizkaia (14+24+12+23): Jackson (11), Janis Blums (2), Mumbrú (7), Hervelle (3) y D'Or Fischer (8) -cinco inicial-, también Marko Banic (8), Raúl López (12), Vasileiadis (13), Grimau (5), Josh Fisher (-) y Mavroeidis (4)

Árbitros: Antonio Conde, José Javier Murgui y Pedro Munar. Señalaron técnica a Freeland, en el minuto 5.

Incidencias. Partido disputado en el palacio de los deportes José María Martín Carpena, ante unos 9.000 espectadores.

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