Keita lo deja todo en un ni fu ni fa

  • Lamento Tras el 1-0 de Cheli y hasta el descanso el Málaga dejó escapar vivo al Mallorca con claras ocasiones a favor Reanudación En apenas unos segundos los de Manzano igualaron el partido y dejan la serie ligeramente a su favor

No tiene nada que ver la Copa con la Liga. Para empezar, y quizás esta sea una elección muy sibarita, la Copa se juega de noche. Falta público en las rondas más baratas -ayer 10.794, algo muy digno-, aunque todos matarían por una entrada en la final, pero la nocturnidad siempre le confiere un halo especial a los partidos. Entonces se puede hablar de noches apoteósicas, aburridas, para el recuerdo. O tibias, como la de ayer, satisfactoria en juego y fastidiosa en el marcador. Los visitantes seguramente celebrarían más las ocasiones marradas por los blanquiazules que el marcador en sí, ventajoso, pero sólo ligeramente.

El partido empezó y murió en el área mallorquinista y esto quiere decir que el Málaga satisfizo menos su apetito. Pero fue más frustrante el primer tiempo que el segundo. Los de Tapia tuvieron al Mallorca empanado en su área tras el tanto de Cheli (32') hasta el descanso. Nunes abortó bajo palos un disparo de Fernando (antes del rechace Albert Luque había perdonado ante Moyà) que se cantaba como sentencia de la eliminatoria, y así se vivió el descanso, entre lamentos y la sensación de que el visitante acudía flojito.

Los locales hicieron una mala digestión de ello. Manzano dejó a Webó en el vestuario en la reanudación. El camerunés apenas mueve dos marchas en el campo, porque lo que a él le gusta de verdad es volar para cabecear a gol -sí, es un Chengue rejuvenecido- y Trejo, su sustituto, rápido e inquieto, se sintió más a gusto. En apenas unos segundos, tan rápido como Baha ante Las Palmas el año pasado, del segundo pitido central al balón tendido en las mallas, lo demostró habilitando el hueco para Keita, que chafó tantos momentos de colores desde hace un mes con uno de esos tantos que fastidian en la ida y condicionan la vuelta.

Ya se sabe que el empate copero es especial, que penaliza al local, sobre todo si es fuera de casa y con goles. El diagnóstico de la ida es claro: el Mallorca salió ganando por más que tras su tanto tuviera aturdido al Málaga y pudiera haber mordido más. Realmente, la mayor de las puñetas que hicieron los visitantes fue la de anticiparse al peligroso partido de contragolpe que le deparaba la segunda mitad. A Tapia le cruje el corazón cuando encaja un tanto de esas características.

Corazón le sobra a Albert Luque. Es lo que le trajo de vuelta a Málaga y lo que, ahora mismo, puede más que sus piernas y su cabeza. Tuvo dos ocasiones que el Luque antes de emigrar al extranjero no perdonaba. Hay que asumir que ya no son los mismos futbolistas, pero el catalán destila tanta fe y compromiso por su camiseta que lo que debe recibir tras lo de ayer es más cariño que críticas, que también.

Fernando, que con Duda es el único blanquiazul que ha alzado la Copa del Rey, salió más airoso del test que su compañero. Y más mosqueado. Nunes le sacó su tanto en la cal casi sin querer y un cabezazo de espaldas, torero y pillo, besó el poste izquierdo de un Moyà que por entonces estaba más que vendido.

En general, pese a la distinta competición y a un once que tenía a diez protagonistas poco habituales, permanece una sensación agradable. El Málaga sumó su quinto partido oficial invicto y gustó mucho que aquellos a los que les falta ritmo demostraron que les sobra compromiso: ejecutaron las piezas de Antonio Tapia como lo están haciendo los titulares, con menos tino y continuidad, eso sí, pero en similar sintonía.

El gran lunar fue querer convertir la segunda parte en el partido de vuelta. El Málaga, cuestión de instinto, pensó que el 1-1 era malo sin pensar que el 1-2 era peor. No llegó, pero a veces anduvo por el alambre. Así le pintó un panorama perfecto al Mallorca, que mascó un partido de 180 minutos, como manda la competición cuando te toca empezar de visitante. Los de Manzano soltaron las bridas cada vez que un ataque local moría sin éxito. Hasta que el pundonor blanquiazul volvió a inclinar el campo hacia Moyà. El ingreso de Eliseu ayudó. No porque fuera un gran día del luso, que no lo fue (gracias también a su amigo Mateu Lahoz, que para que le pite una falta tiene que ver una infracción escandalosa), sino porque llevó al Mallorca a tener fijación por parapetar la derecha y olvidó las entradas de Manolo, ayer tan incisivo como Jesús Gámez. Ahí faltó el último escalón, el balón bien servido al área para ir a Mallorca con un peso menos en las maletas.

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