El Málaga choca con la maldición de Helenio Herrera

  • Los blanquiazules no encontraron recurso para hincar el diente a un Deportivo con diez durante 52 minutos · En igualdad de efectivos el equipo sí convenció

"Se juega mejor con diez que con once". Una de las míticas frases que el fútbol heredó de Helenio Herrera cobró ayer un trozo más de vida. La sufrió el Málaga, la canjeó a su favor el Deportivo. Cuando Pablo Álvarez enfiló los vestuarios en el minuto 38, los que hasta entonces se mostraron animosos y llenos de buenos propósitos sufrieron un ataque de torpeza e incapacidad; los que habían entrado al choque aletargados se disfrazaron de muro infranqueable. Los de Muñiz salieron con hambre ante los coruñeses, pero se fueron sin saber hincarle el diente.

En cierto modo, fue una repetición de lo que pasó en el último precedente en casa ante el Getafe. Si Boateng se marchó a la caseta a los 32 minutos por dos amarillas fugaces, Pablo Álvarez repitió el guión ayer a siete del descanso. Con la inercia a favor de los locales, ese peso de responsabilidad ante los madrileños fue una losa casi insalvable. Casi porque Jesús Gámez y Baha se miraron a los ojos e hicieron buena la responsabilidad. Ayer faltaron buenos fundamentos para desgajar el encuentro. Quizá la única virtud fue la paciencia (aunque en algunos casos en exceso, para desesperación de la parroquia local).

Era de prever que el expulsado Lotina rehiciera a su equipo desde la grada plantando dos líneas de cuatro y dejando solo a Bodipo a merced de algún mensaje dentro de una botella. El Málaga no supo interpretar bien el manual de cómo meter mano a un rival en inferioridad. Le faltó velocidad para cansar a los gallegos de una banda a otra, no apeló a las pequeñas sociedades de Menotti para buscar superioridades que separaran las líneas del Dépor y no hubo dinamismo en los atacantes ubicados en las zonas centrales. Apenas se vio a Mtiliga desdoblar a Duda para crear dos contra uno en la izquierda e, irónicamente, en la derecha Manolo subió infinidad de veces, pero el recién regresado Obinna se empecinó en jugar para sí mismo y demostrar que la diferencia entre el potente fútbol africano y el europeo es cuestión de nuestra mayor riqueza táctica. Las cañas tiradas para pescar a Aranzubia fueron siempre las mismas: disparos lejanos de Fernando y el abuso de centros al centro del área, la única zona del campo en la que el Deportivo siempre era superior.

Los de Lotina aprovecharon esa falta de aplicación táctica de su oponente y añadieron altas dosis de esfuerzo espartano para subsistir sin sobresaltos. Aranzubia estuvo siempre correcto pero nunca en serios apuros salvo en una irrupción de Duda clónica a su gol en el Calderón, aunque esta vez con final en la madera. Juca estuvo imperial en el centro del campo y no paró de correr y ordenar para que los suyos no se descompusieran.

Antes de esa segunda parte desesperante y de minutos consumidos sin claras opciones de gol, el Málaga fue un equipo sorprendentemente vistoso. Desde que en el minuto 3 Caicedo destapó el tarro de las esencias con un quiebro a priori imposible para su cintura, los de Muñiz fueron proponiendo un fútbol vertical, rápido y agradecido para su afición, que a los 20 minutos premió a los suyos entre olés tras varias combinaciones por banda tan efectistas como efectivas. En ese tramo sí que sudó Aranzubia, sobre todo en una mano subterránea tras remate de Benachour con un control previo con el pecho (26').

Tan frustrante fue ver al Málaga de la segunda mitad convertido en un embudo como injusto que al descanso el marcador no sonriese a los blanquiazules. Ciertamente, Stepanov tuvo que salvar sobre la línea un autoremate de Iván pasado el ecuador de la primera mitad, pero supuso una gota en el océano. El fútbol y las ocasiones fueron un todo del Málaga, que demostró no achantarse ante un equipo situado en la zona noble todo el año y que desde hace unas semanas ha dejado de jugar con la ansiedad del yugo clasificatorio.

Debe quedar el poso de ver al Málaga como un buen opositor a la permanencia final. Ya ha vivido el calor que desprende el infierno de la clasificación, ha sabido dejarlo atrás (suma dos partidos seguidos sin encajar un gol y sólo los ha recibido en uno de los últimos cuatro) y experimenta semana a semana progresos que, de no ser por la falta de puntería, tendrían una mejor traducción en la tabla.

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