Muñiz ejecuta su venganza con un triunfo de suficiencia

  • Recital El Málaga supera al Racing de principio a fin y logra tres puntos que ahuyentan el descenso y confirman la progresión Notición El 'average' con los cántabros, a favor

No lo dijo, no lo dice y no lo dirá, pero en la ida vistió a su Málaga con las mejores galas para firmar su vendetta ante el Racing, un equipo en el que cumplió sus objetivos pero que le generó malos ratos desde la grada y en el plano personal. No lo dijo, no lo dice y no lo dirá, pero el de ayer fue uno de los triunfos más paladeados de su aún corta carrera en los banquillos. Muñiz firmó su venganza en El Sardinero siendo testigo del partido en el que su equipo supo trasladar mejor su buen juego al marcador. Fue una tarde redonda para todos.

El Málaga se dio un festín en Santander y algo realmente grandioso tendrá que ocurrir de aquí a mayo para superar el 0-3 de ayer, pero lo de veras relevante es ver la confirmación de la mejoría que ha traído 2010 y el average levantado ante el Racing.

La victoria por 1-0 ante el Getafe, hace sólo cuatro semanas de aquello, evitó que Munúa igualara la plusmarca histórica de partidos consecutivos encajando gol (17). Ahora ha batido su mejor registro sin recibirlos (322 minutos seguidos) y se ha agachado muy pocas veces a la red (dos veces en los últimos cinco partidos). Es la explicación más fidedigna al salto cuantitativo (se han sumado 10 de los últimos 15 puntos) y cualitativo (ahora el descenso se otea a cinco puntos) de este Málaga, que ahora tiene unas hechuras más cimentadas y que se ha sincronizado de tal modo que ya ni entiende de bajas, da igual el número y sus galones. Ayer le tocó el momento de gloria a Weligton, Caicedo y Obinna, héroes inusuales.

Y es que la actual secuencia de buenos marcadores ha llegado con alineaciones de bajo relieve y un protagonismo coral. Toribio sigue transformando su anonimato en una magnífica servidumbre al equipo. Parece cumplir años a cada jornada que juega. Weligton ya no sólo vuelve a cortar y ordenar como el mariscal que era, sino que ya hasta le ha cogido gusto a eso de marcar gol. Stepanov pasó de salir en diciembre a dos titularidades seguidas casi impecables. Munúa ha dejado de sufrir sistemáticamente y Caicedo, el goleador de emergencia, ya golea (y de qué manera ayer). No hay duda de que Muñiz ya ha conseguido sincronizar a sus jugadores, quienes sin la mochila de la ansiedad comienzan a consolidarse como un equipo pétreo e incómodo de tener enfrente.

Como el fútbol entiende de sensaciones, de algún modo se puede decir que el Málaga imantó el partido desde el inicio. Lo logró sin grandes alardes, exprimiendo sus recursos al máximo. Primero fue Weligton quien se revolvió en un córner como un delantero para dar la ventaja de la tranquilidad (minuto 9); después, haciendo bueno uno de los pocos contragolpes interpretados cuando el Racing asumió el mando del partido (aunque sin orden).

Un 0-2 al descanso, como en Sevilla, pero esta vez con los malaguistas menos miedosos y ante un rival mucho más ceniciento y permeable que los de Manolo Jiménez. Lo confirmó la reanudación, en la que la seguridad mantenida por el Málaga horadó la paciencia de los locales, incapaces de probar a Munúa más allá de disparos lejanos (Toni Moral, Canales). De paso, el Racing se desabrigó por detrás, más aún con la entrada de Xisco (delantero) por Moratón (defensa). Por ahí comenzaron a sentirse como en una autovía Duda y Caicedo, los máximos puntales ayer. Y por ahí llegó, tras varios conatos peligrosos, la sentencia de muerte. Fue un gol exprés de Obinna, relevo del mejor Caicedo que se ha visto hasta la fecha. No pasaron más de 20 segundos desde que el nigeriano cruzó la cal de la banda hasta que su disparó atravesó la cal de gol. Tras una temporada de negación ante el gol, fue la confirmación de que, efectivamente, el Málaga al fin tiene la suerte de cara.

A partir de ahí, con las posibilidades de gesta anulada, el equipo de Muñiz se convirtió en la tormenta perfecta. No llegó el cuarto porque Fernando casi estaba celebrando un tanto que falló asombrosamente a puerta vacía. Tchité confirmó la impotencia local asutoexpulsándose con un insulto al colegiado. La victoria fue dulce; la venganza, dicen, también.

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