Quiebros de impresión

EL Málaga-Barcelona es uno de esos partidos que uno siempre espera con gran expectación. Siempre se tiene la idea de que por qué no se va a dar un encuentro como el del 5-1 de hace siete temporadas. Guardo gran recuerdo de los tres goles de Salva Ballesta, el de Diego Alonso y el de Canabal aquel día. ¡Qué partido! Aunque también nos vale un 1-0. Espero que haya un buen espectáculo. Jugadores de calidad contrastada hay en los dos bandos. Grandes quebradores, de los que desequilibran, de los que por sí mismos son capaces de cambiar un partido. Isco y Cazorla, de los que juegan habitualmente en el Málaga. Messi e Iniesta, en el bando culé. Por eso les voy a recordar un par de anécdotas de regates de impresión que he vivido en dos de estos duelos en nuestro campo.

Ya la campaña anterior les conté cómo Basora se la lió a González en un 0-7 del Barcelona en la Rosaleda en Copa a finales de los años 40.

Lo que me faltó por explicarles fueron algunos datos del propio González, quien tiene tras de sí una interesante historia. Este defensa izquierdo es el padre de un ex jugador del Zaragoza, que fue internacional por España, y abuelo de Lucas Alcaraz, actual técnico del Almería. Con él tuve un gran relación. Me llevaba en el side car de su moto al colegio todas las mañanas, cuando él se iba a trabajar, pues era empleado de Hacienda. De su hijo he de decirles que ahora está de catedrático allí, según me dijo Santi Aragón, otro malagueño que vive por la capital aragonesa, como Apoño y Aranda, dos recién llegados a la ribera del Ebro.

Como les había dicho, González, desesperado, acabó tirándose de cabeza a los pies del genial extremo azulgrana. Otra jugada un tanto extraña también se dio en un Málaga-Barcelona con otros protagonistas. Sinceramente, con esta disfrutamos más los malaguistas. Álvarez, un extremo derecho cordobés que teníamos, le dio tres quiebros a Gallego, histórico central azulgrana, que le dejó listo: se lesionó en la espalda. Álvarez vino del Córdoba en la época de Marcel Domingo. ¡No le decía nada cuando lo cogía cerca del banquillo! Alvarito, como le decían, fue un gran extremo del Málaga. En esa época creo que había incluso mejor plantilla que ahora (temporada 72/73).

También tuve bastante amistad con un extremo derecha que vino del Barcelona a inicio de los 50 y de nombre Gamonal. Uno de esos hombres que merecen la pena.

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