Razones para creer

  • Complicado El Unicaja afronta el difícil reto de eliminar al Tau en su propio feudo Precedentes Los últimos duelos entre ambos dan favoritismo, a priori claro, a los vitorianos

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Ante el temor al desconocimiento del futuro, el refugio se encuentra en los recuerdos. Los precedentes inmediatos vaticinan una debacle del Unicaja en el Buesa Arena. De las últimas ocho ediciones de este duelo devenido en clásico que es medirse al Tau, en siete vencieron los vitorianos, por una diferencia media de 20 puntos. El único asterisco es el partido por el tercer y cuarto en la Euroliga, el broche bronceado de Atenas. ¿Para qué viajar a Vitoria, entonces?

Se cubren los 899 kilómetros por carretera entre Málaga y la capital vasca, se completa un vuelo de cuatro horas con transbordo en Madrid o se duerme en Amurrio, Bilbao o Logroño porque hay fe en el Unicaja. Puede ser algo espiritual, nada tangible. Pero hay razones para creer, para mantener la fe en una tarea hercúlea pero posible. Torres más altas cayeron que este Tau, que conoció tiempos mejores pese a continuar en la élite con admirable empeño. Hay que recordar que este Unicaja, con sus limitaciones, que las tiene, es un señor equipo, una plantilla de primerísimo nivel europeo que en los dos últimos meses ha ganado el 80 por ciento de sus partidos. Éste es un club que en los tres últimos años ha subido varios escalones y que ve como algo cotidiano codearse con la élite europea.

Apelando a la memoria, los motivos para creer se refuerzan. Santiago, Cabezas y Berni vivieron sobre estas tablas uno de los momentos más memorables de sus carreras deportivas. Alzaron aquella ansiada Liga que transportó a otra dimensión, a ese selecto club de los campeones de la ACB, a la entidad. Tampoco hace tanto tiempo, año y medio largo, pero son los únicos supervivientes en la plantilla. Ellos saben cómo suena el silencio en el Buesa. Se hizo cuando Garbajosa, siempre eterno, anotó aquel legendario triple. A los tres se los pone cara de niños cuando se les recuerda aquel 21 de junio de 2006. Nadie lo olvida, tampoco Germán Gabriel, que no fue protagonista, pero que lo vivió casi en primera persona a través de su hermano Berni.

Aquí en Vitoria, también, Carlos Jiménez ganó el único título de clubes que adorna su lustroso palmarés con la selección. Fue con su Estudiantes en 2000, con otro ex cajista como Alfonso Reyes como MVP. Jiménez recuerda cómo Magariños recibió al equipo después de derrotar en la final al Pamesa. Antes, había eliminado en cuartos de final al equipo anfitrión: sí, el Tau.

En Vitoria también debutó en su día y más tarde jugó su mejor partido individual como cajista Boniface Ndong. 24 puntos y 11 rebotes, casi como Pau Gasol en su debut como laker, firmó el afable gigante senegalés en la visita del pasado noviembre al matadero vitoriano.

Popovic, Kus, Welsch, Sanders y Haislip, la mitad del equipo, no pueden presumir de buenas experiencias ante este rival. El checo, el que menos. Pero éste es otro Welsch. Básicamente, el que quería el Tau el pasado verano, en calidad de cedido, antes de fichar a Jasaitis. Popovic tira de profesionalidad ante las dudas que le rodean. "Es un animal entrenando", dicen los que le ven cada día. Kus emite señales muy positivas en las últimas semanas, Sanders puede ser el esperado anti Rakocevic y Haislip... La mejor versión del ala-pívot norteamericano multiplicaría las opciones de sorprender al Tau en su particular guarida, menos fiera por la atenuación del factor cancha con la llegada de aficiones foráneas. Haislip es la diferencia, el salto de calidad. No hay físico igual en esta cita. Si la mente le responde y no se va del duelo, la sorpresa cobrará cuerpo.

En fin, Scariolo. Poca gente se maneja con la soltura del italiano en este tipo de saraos. Lanza mensajes de moderado optimismo, pide a sus jugadores que se rebelen, en cierta forma los reta para que ofrezcan su mejor versión. "Si lo merece, el último balón se lo daría a Carlos Cabezas", se puede leer ayer en As. Él también protagonizó aquella Liga, en primera persona: "Imposible olvidarla". En el banquillo, el duelo a priori lo gana ante Spahija, en el emparejamiento más desequilibrado dentro o fuera de la pista.

Los ateos tienen muchas razones para descreer. El huracán Rakocevic, la tradición inmediata, la madurez de Splitter, los privilegios en el sentido pleno del anfitrión. Una larga lista de argumentos. Pero esto es deporte, baloncesto, 40 minutos, la Copa. Y si hay fe...

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