Regino, punta de lanza

  • El bronce del malagueño en PyeongChang supone el momento culmen en la historia del snowboard en España

  • Él, Lucas Eguibar y Laro Herrero forman la mejor generación de siempre

Cuando en el ecuador de la primera década del siglo XXI Regino Hernández (Ceuta, 1991) entabló sus primeros lazos con la Federación, al otro lado ya estaban avisados de lo que llegaba a sus manos. Un chaval especial en todos los sentidos, con talento a borbotones por encauzar. Ahí germinó la mejor generación de riders de la historia de España, a la que pertenece el malagueño, que cortó en PyeongChang una sequía gigante.

El mijeño devolvió la gloria con una disciplina aún incipiente en el país. Que se incorporó a los Juegos Olímpicos en 1998 en Nagano, donde el equipo nacional envió a Nuria Moga. Eran tiempos incipientes, donde la profesionalización aún resultaba una utopía. Existían Copas Mundiales, pero en la península tuvo un auge el boardercross con la celebración de los Circuitos Valentine, que en 2001 comenzaron a andar. Tiempo más tarde se cortarían después de que quedase prohibido que las bebidas alcohólicas y el tabaco patrocinasen al deporte. Esas competiciones fueron la génesis del primer equipo nacional, que se montó dos años después. Ahí ya figuraba Jordi Font, figura esencial para entender el progreso posterior.

El actual equipo nacional es producto del equipo B que se formó en 2007

La organización estaba en un estado embrionario, donde el equipo se marchaba varias semanas a Los Alpes para entrenar allí. La cuestión era tal que en una furgoneta se desplazaban por el territorio recogiendo en cada provincia a los miembros para luego tomar destino a las montañas de Europa Central. Una odisea kilométrica que luego traería réditos tangibles. Al ser ciclo preolímpico, el Consejo Superior de Deportes insitió en crear de forma paralela el primer programa de tecnificación, donde la federación intentaba asegurarse un relevo futuro, que el buen momento no quedase en un momento puntual.

Se basaban en dos reuniones anuales, en Navidad y marzo. La segunda solía hacerse en Sierra Nevada, donde Regino Hernández ya acudió con 12 años. Con él una imberbe Queralt Casas o Lucas Eguibar.

No corrían los mejores tiempos para el snowboard - "sobrevivíamos como podíamos", comentan algunos de los que vivieron aquello en primera persona-, ya que la mayor parte de los recursos se dirigían para el esquí -son dos deportes de invierno con organizaciones independientes dentro de una global-. Brillaba por entonces la granadina María José Rienda, que estaba en el cénit de su carrera. Precisamente, 2005 acabó como su año más brillante, con cuatr victorias en pruebas de Slalon Gigante de la Copa del Mundo.

Casualidades del destino, se gestaba por entonces el día cumbre del boardercross hasta el jueves. En los Juegos Olímpicos de Turín (2006) Jordi Font se alzaría con un diploma olímpico, que supuso un "bombazo". Meses antes se había incorporado al equipo nacional como técnico Kaspar Stenz, que estableció unas coordenadas. Por ahí se consiguió el billete para la cita italiana.

El éxito del catalán despierta a un deporte algo descuidado, donde se hacía un trabajo concienzudo desde un tiempo atrás. "Su diploma hizo más bien por el Snowboard que en él", reconocen más de una década después fuentes de la Federación. Una consecución que da alas a un proyecto que el entrenador suizo y su grupo de trabajo tenían en mente, pero que no arrancaba por diversos motivos. Se decide entonces invertir el montante económico de los programas de tecnificación en un equipo B, una especie de filial para la expedición potente. Se le dio el mando a Óscar Ruiz, que tenía a su mando a Lucas Eguibar -había impresionado a los técnicos españoles en el Campeonato de España de La Molina-, Laro Herrero y Ana Amor, entre otros. No entró en los planes del ámbito federativo Regino, un poco por debajo del foco, más dedicado al freestyle.

Se le abrió la puerta al rider mijeño en Valmalenco (2008), donde saltó el muro y pasó al equipo A de forma directa. "Era algo muy fuerte", rememoran los que le vieron. Año clave para la generación dorada del Snowboard español. La primera hornada fruto de una planificación clara, que contaba con recursos. Que tomó el relevo a Font y compañía en 2010, aún con Stenz en la manija. Se volcaron todos los esfuerzos en Regino, Lucas, Laro y Amor, que comenzaron a coger horas de entrenamiento y kilómetros en Copas del Mundo.

Decidió abandonar el técnico suizo, dando paso a Simone Malusa (actual entrenador de España) e Israel Planas. El catalán era segundo del italiano, aunque lugo se encargó él hasta su muerte el año pasado. En ese momento comienza un crecimiento fulgurante de los riders, que incluso ganan Campeonatos del Mundo Junior. El malagueño ya había estado en Vancouver. De entonces a hoy, el bilbaíno engrosó más su palmarés, de ahí que mediaticamente sea un producto más potente que Regino.

Con Herrero un escalón por debajo en el nivel, ambos se encuentran asentados dentro de la élite mundial. De hecho, en Sierra Nevada se proclamaron subcampeones del mundo. A Regino le faltaba explotar por sí solo, que apuntaba desde Sochi y logró en PyeongChang. "No es uan casualidad, estaba muy preparado", argumentan los que han vivido su progresión de cerca. Forman con Eguibar el mejor tándem que se tuvo nunca, dos "mosntruos", que auguran un futuro espléndido para España dada su juventud para el boardercross, una disciplina que se puede practicar con 40 años.

Es la sensación que existe en la Federación con las dos "perlas". Es de esperar que la medalla del malagueño suponga un repunte superior al diploma de Font. Con Movistar de respaldo ecónomico desde hace un par de años, se ha impulsado una Copa de España con tres paradas: Baqueira Beret, La Molina y Formigal. Con la primera resuelta, el bronce de Regino multiplicó las inscripciones desde ayer. Es solo el principio.

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